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Hipnosis erótica II 6: adicto a mamá
Fecha: 28/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... la perfecta tersura de su culo. Ella no dijo nada. Solo se dejó hacer. Bajé la prenda lentamente, sintiendo cómo se aflojaba al pasar por sus caderas. Era pequeña. Tan pequeña que parecía más una decoración que una prenda. De color blanco, encaje fino, casi translúcido. —Qué linda... —murmuré, mientras la sostenía entre los dedos. —Sí, me gusta —dijo ella—. Por favor, no la rompas. La terminé de deslizar hasta las rodillas, y de ahí la retiré con cuidado. La dejé a un costado, sobre la mesa de luz, como si fuera una reliquia. Mi cuerpo ya estaba reaccionando con fuerza. La necesidad me subía por la espalda como un escalofrío caliente. Me acomodé encima de ella, sin peso, sin brusquedad. Sentí su calor a través de la piel, la fragilidad de su postura, la confianza absoluta de quien se entrega sin reservas. Levanté un poco más el camisón, hasta dejar al descubierto ese hermoso orto que me obsesionaba. Pasé el brazo por debajo de su cintura, buscando una mejor posición. Me acerqué a su rostro. Le soplé suave en la oreja. Ella respiró hondo, como si le acabara de llegar una ráfaga de viento cálido. Apoyé los labios en su cuello, y después en la línea delicada de su mandíbula. Mordí su lóbulo apenas. Sentí cómo su piel se estremecía. Y mientras una mano recorría el contorno de su cadera, mi verga buscaba ese agujero húmedo en el que quería enterrarse. Cerré los ojos. Y entonces me hundí en ella. La sentí ceder con una suavidad casi irreal. Como si su sexo ...
... hubiese estado esperándome, amoldado ya a la forma exacta de mi pija. Me apoyé por completo sobre ella, dejando que mi pecho se fundiera con su espalda, que mis piernas se entrelazaran con las suyas, que mi respiración se mezclara con la suya, aún tranquila. Mi boca quedó cerca de su oído. Exhalé. Podía sentir cómo se le erizaba la piel. Empecé a penetrarla con lentitud. Movimientos cortos, contenidos. Una cadencia íntima, como si no quisiera interrumpir el silencio del cuarto. Cada avance era una caricia profunda, una invasión medida, cuidadosa pero firme. Ella no dijo nada. No hizo un solo sonido. Pero su cuerpo hablaba por ella. El modo en que se tensaba, en que su espalda se arqueaba apenas con cada impulso. El leve temblor de sus dedos, apretando la sábana sin fuerza. Su cuello girado hacia un lado, con la boca entreabierta, como si estuviera suspendida entre el sueño y una tormenta que recién empezaba. Yo estaba al borde de algo difícil de explicar. Era una mezcla de poder y gratitud. De deseo y ternura. De urgencia y deleite. Hundirme en ella así, con esa entrega absoluta, me llevaba a un lugar donde el placer no era solo físico. Era también mental. Sensorial. Total. Después de penetrarla unos minutos en esa posición, me incorporé despacio, apoyando las manos a cada lado de sus caderas, y una vez erguido, la tomé con ambas manos, firme, como se toma algo que no se quiere perder. La visión desde esa posición era otra. Podía verla toda. Sus curvas dibujadas ...