1. Hipnosis erótica II 6: adicto a mamá


    Fecha: 28/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... con precisión milimétrica, la cintura angosta, la espalda arqueada, el camisón arrugado y levantado hasta la mitad. Empecé a moverme de nuevo. Esta vez con más intensidad. Con más hambre.
    
    De repente tuve un arrebato de perversión.
    
    —Mami —dije, jadeando—. Sé que luego no lo vas a recordar. Pero quiero que ahora lo sientas. Tu hijo te está cogiendo. Y vos te estás dejando. ¿Cómo se siente?
    
    —Es muy raro. No sé por qué lo hago —explicó ella—. No sé por qué no te aparto. No sé por qué no me siento horrorizada. No sé por qué…
    
    —Por qué, ¿qué? —insistí.
    
    —No sé por qué me gusta que me cojas. ¿Estoy soñando?
    
    —No, mami, no estás soñando. Pero mañana no vas a recordar nada. Así que no te sientas culpable. Disfrutá de cómo te cojo.
    
    —¿En serio? ¿me prometés que no me voy a acordar de esto? Porque no creo que pueda vivir con algo así.
    
    —Claro, no te preocupes. Mañana no te vas a acordar de nada. De hecho, hace unos horas me hiciste una mamada y no lo recordás. Así que relajate y disfrutá.
    
    —Está bien —accedió ella al fin—. Lo voy a disfrutar. Se siente muy bien, Rafa. No sé por qué…
    
    Continué embistiéndola. Su cuerpo respondía sin necesidad de guía. El leve vaivén de sus caderas, el estremecimiento sutil en su nuca, los dedos ahora enterrados en la almohada. Cada embestida generaba un pequeño eco en el colchón, una vibración tibia que parecía envolvernos. Yo ya no pensaba. Solo sentía. Cada centímetro, cada roce, cada sonido apagado.
    
    Y entonces, de pronto, ...
    ... volví a caer sobre ella. No como al principio. Ahora mi cuerpo descendía sobre el suyo con otra energía. La abracé desde atrás, llevando mis manos hasta sus senos. Los cubrí con las palmas, sintiendo el calor y la forma exacta de ellos, suaves, firmes, vibrantes bajo mis dedos. Apreté con delicadeza, mientras seguía enterrándole la verga. No me detuve. Volví al ritmo anterior, pero esta vez, con todo mi cuerpo adherido al suyo, como si fuéramos una sola criatura hecha de deseo, de humedad y de suspiros apenas contenidos.
    
    El calor entre nosotros era absoluto. El placer subía, me llenaba los músculos, me nublaba la vista. Ella arqueaba la espalda, su respiración se volvía irregular, apretaba las piernas, inclinaba el cuello hacia mi boca cuando me acercaba a besarla. Y los gemidos se escapaban de su garganta, cada vez más intensos.
    
    Estábamos solos en el mundo. No existía nada más allá de ese cuarto, de esa cama, de esa unión silenciosa y perfecta.
    
    Yo quería quedarme ahí para siempre. Pero sabía que tenía el tiempo limitado.
    
    —¿En dónde te gusta que te acaban, ma? —le pregunté, jadeante.
    
    —En la boca. No porque me guste mucho tragar. Pero es que me parece antinatural escupir el semen, y tampoco quiero que me manches en ninguna parte del cuerpo. Así que la quiero en la boca. Por favor…
    
    Era imposible negarme cuando mi querida madre me pedía semejante cosa. Así que le di el gusto.
    
    —Ahora seguí durmiendo. Y mañana solo recordá que dormiste como un angelito y tuviste ...
«12...5678»