1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... sarcasmo.
    
    —Eres un cabrón.
    
    —Soy un cabrón sí, y un cornudo, también lo sé, me lo has dicho más de una vez.
    
    Es… es como una ola, una inmensa ola que avanza lenta e imparable, son todas las palabras que nos hemos dicho, son todas las historias que nos hemos confesado, las imágenes que han ido tomando forma en mi cabeza. Es una gran ola de estupor y amargura, de pena, rabia, tristeza, melancolía, desprecio, amor y dolor que avanza lenta e imparable; una inmensa ola que va creciendo, se hace cada vez más grande, está llegando y amenaza con aplastarme.
    
    Me ahogo, me ahogo, tengo el corazón en la boca.
    
    —…y tú, cariño, eres una auténtica puta, en el sentido estricto de la palabra.
    
    No, otra vez no.
    
    Me ahogo, necesito aire…
    
    Aire…
    
    Cómo he podido…
    
    Esperaba cualquier reacción, pero la intensa pena en que se transformó el asombro que invadió su rostro me dolió tanto, tanto…
    
    Cómo había podido decirle aquello, ¿es que no había calculado el daño? Carmen no podía soportar que una vez más la persona que amaba volviera a escupirle a la cara.
    
    Y llegó el pánico. Estaba a punto de volver a desmoronarse todo a mi alrededor, todo.
    
    Mi cabeza comenzó a bullir trazando ideas que pudieran reconducir aquello, no tenía más alternativa que huir hacia delante; tal vez fuera una locura, pero vi un resquicio para hacerla salir de la dependencia que tenía de Mahmud.
    
    —Asúmelo, se valiente, si yo he podido afrontar mi condición de cornudo tú puedes hacerlo también: Ya ...
    ... eres una puta.
    
    No sé de dónde salían las palabras, sabía que no había vuelta atrás; la tomé de la mano y con una seguridad que estaba lejos de sentir la arrastré a la habitación de mi hermano en la que aún conservaba un antiguo armario con las puertas revestidas de espejos.
    
    —Mahmud te hizo declararte golfa, dices que supuso una especie de liberación. Mírate —dije enfrentándola al espejo—, esa eres tú, una puta, reconócelo; te va a venir bien decírtelo en voz alta a ti misma.
    
    Me escuchó mudando entre la incredulidad y la desconfianza; quería creer, no podía soportar la idea de reencontrarse con aquel que tiró por la borda tantos años de convivencia. La solté, quedó frente al espejo incapaz de reaccionar, al principio parecía asustada, incluso frágil, luego comenzó a recuperarse, su mirada empezó a vagar por la figura que tenía enfrente y durante ese recorrido se serenó.
    
    —Piénsalo, Mahmud no es tan claro como crees, te hizo reconocerte como golfa, te negó la categoría de puta para dejarte frustrada ¿no lo ves? Es más de lo mismo, quiere que lo necesites, que ansíes el dolor, que busques la fusta. Que le pidas que te enseñe a ser una buena puta.
    
    A medida que fui pronunciando argumentos su respiración se fue agitando. No dejó en ningún momento de mirar su reflejo.
    
    —Vamos, libérate. Ya eres una puta, no le necesitas.
    
    No conseguía sacarla del shock, intenté cogerla del brazo y me esquivó; entonces hice algo impensable: La agarré del cuello de la camiseta para ...
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