1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... unas rayas —dije aparentando un aplomo que no tenía.
    
    —¿Estás seguro?
    
    —Hazlo, sé lo que digo.
    
    Fue un disparo al centro de mi cerebro lo que me hizo perder la inseguridad que me atenazaba y sería otro lo que me ayudaría a cerrar aquella arriesgada terapia; Carmen obedeció con una mansedumbre ajena a su persona. No había ningún plan y ella me miraba esperando que la salvara.
    
    Traspasamos otra vez esa puerta sin saber que íbamos a caminar por el lado más salvaje de nuestras mentes, nos aventuramos a una zona de nuestra conciencia que apenas conocíamos y se dejó dirigir a ciegas confiando en que el psicólogo estaría al mando de una nave descontrolada.
    
    —Vamos.
    
    La arrastré de la mano de vuelta al dormitorio de los espejos, se cubría con la camiseta hecha jirones que no lograba taparle los pechos; su cabello se había secado sin peinar, todo ello le daba un aspecto zafio que acentuaba la brutal sexualidad de su cuerpo.
    
    —No te muevas.
    
    «Soy una puta». De ese modo rompía lazos con Mahmud; necesitaba afianzar su liberación o al menos eso decía mi quebrada conciencia. Volví con la cartera en la mano, saqué todo lo que llevaba, treinta mil pesetas; insuficiente pero no era la cantidad lo importante sino lo que representaba.
    
    —Toma, no llevo más encima, ¿qué me haces por esto?
    
    Miró los billetes, pensé que me iba a insultar, un ligero temblor le recorría el cuerpo, volvió a mirar mi mano tendida.
    
    —¿Eso es todo lo que valgo?
    
    Sin arrogancia, pura ...
    ... curiosidad. No había asumido su rol, no estaba ante una puta.
    
    —Es todo lo que tengo, dime ya lo que haces por este dinero y si no, lo dejamos.
    
    Se me agotó la paciencia, iba a guardarlo cuando me arrancó los billetes.
    
    —Vale, follamos y si quieres mi culo, otro tanto después —dijo mientras se lo metía en el bolsillo trasero del pantalón.
    
    Ahora el sorprendido era yo, había tomado la iniciativa sin dejar de ser ella, sin perder ese toque de inseguridad ante lo desconocido.
    
    —De acuerdo, sesenta mil por una tía como tú merece la pena.» (4)
    
    Le quebré la mente, ¿Cómo pude hacerle eso? A partir de entonces, nada volvió a ser igual y a pesar de todo, lo asumimos como tantas otras cosas; ella inició su carrera de puta y yo admití que estaba viviendo lo que siempre había soñado.
    
    No tuvo que pasar demasiado tiempo para que volviese a encontrarme ante la evidencia del grave problema que se desarrollaba en la cabeza de Carmen. Fue al regresar del primer trabajo, el estreno con Javier Linares, el bodeguero.
    
    «El sol comenzaba a declinar. Bajé, no se oía nada; crucé el pasillo hasta la puerta de la alcoba. Volcada hacia su lado de la cama la penumbra me permitía apreciar su sueño tranquilo, solo una braga de algodón blanco rompía la imagen perfecta de una silueta esbelta y armoniosa, y los pies, ocultos bajo la sábana. Entré en la habitación, su impactante desnudez me sobrecogió, era mi mujer la que yacía en nuestra cama, la que había regresado transformada en prostituta y lo ...
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