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Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... estábamos asumiendo como si no fuera a alterar nuestra vida. Traté de imaginar el futuro que se nos presentaba y no pude, mi pensamiento se centraba en ella: Esa mujer, esa puta; no albergaba ninguna duda: la quería en mi vida. Los tenues rayos de sol que el atardecer filtraba a través de la persiana hicieron saltar la alarma. Se me erizó la piel. No eran sombras lo que al principio creí ver proyectadas en su cuerpo. Largos surcos oscuros de unos dos dedos de ancho le cruzaban la espalda. Retrocedí hasta tropezar con la pared, Carmen había sido azotada. Me invadió una náusea, traté de ahogar un conato de mareo, aun así, no podía dejar de mirar. Había sido azotada. Salí de allí. Recordé minuto a minuto la llegada a casa, nuestra conversación en el restaurante, cada gesto, cada palabra. Nada hacía pensar que hubiera sido objeto de tal clase de maltrato. —¿En qué te estás convirtiendo? —murmuré abatido. Media hora más tarde escuché movimiento en el dormitorio. Estaba perdido, no sabía cómo afrontar la situación. La encontré vestida con ropa cómoda arreglando la cama. Al verme se le iluminó la cara. —Te he tenido aburrido toda la tarde, lo siento. —No importa, estabas agotada. Una mirada, un silencio y tantos años de convivencia hicieron el resto. —¿Qué pasa? Respiré hondo, solo había una manera de hacerlo. —Te he visto la espalda. —Vaya, no es así como quería que te enteraras. —se entretuvo de más con la almohada, luego se irguió, seguía ...
... serena, ni rastro de culpa o pudor—. Ahora es cuando toca decir lo de «cariño, esto no es lo que parece». —¿Cómo puedes bromear? —No, es que en este caso es cierto, por mucho que te cueste creerlo. No es lo que parece. —¿Y qué es?, porque lo que parece es que te han marcado la espalda después de azotarte con una correa, ¿o tiene otra explicación que no alcanzo a ver? —Cálmate. Me han azotado con un cinturón, es innegable, pero no me han agredido ni forzado. Eso es lo fundamental. —Explícamelo porque sigo sin entenderlo. Me miraba como si fuera yo el que tuviera que superar un examen y no me gustó; llenó los pulmones y dijo: —Yo lo pedí. Me iba a estallar la cabeza, la tenía frente a mí, separados por la cama, una distancia insalvable. Los segundos pasaban y ella esperaba que reaccionase. De nuevo nuestra vida pendía de un hilo. Ella, ella. Hermosa, imponente, serena, mi mujer. Una puta joder, una puta. Mi puta. La persona más importante de mi vida a la que yo había lanzado a un mundo que nunca deseó.» (5) Como broche de la violencia consentida, la imagen de Gerardo abofeteándola me perseguía desde el verano, ahora había asistido a una nueva versión del sometimiento de Carmen sin reaccionar, como entonces. «Tardaron poco en bajar, yo estaba en el salón; los miré sin ninguna intención de acercarme, se despedían en voz baja. Había una complicidad impropia entre una scort y su cliente. ¿Seguro? Pensé en Candela, en la ternura que me provocaba ...