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Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... o te estás enterando ahora? —me lanzó sin esperar respuesta. —Qué estás diciendo, Carmen. Me miró como si estuviera clavándome un puñal. —¿Qué nos queda en común, me lo quieres decir? No fui capaz de responder, me invadió una inmensa pena. El dolor nos impedía ser consecuentes con nuestros sentimientos. Si pudiera sacarla de allí, lejos de la influencia del Penta y todo lo que representaba podríamos hablar serenamente; pero no, era yo quien la había empujado a sus brazos, quien la había decepcionado hasta el punto de hacerle perder la fe en nosotros. Fuera lo que fuese lo que habían hablado en Santander debía tener cuidado, Diego era como una garrapata, allá donde huelen la sangre se agarran y no sueltan hasta quedar saciadas. Algo había olido en Andrés, dinero, propiedades, relaciones; no pararía si veía la más mínima posibilidad de conseguirlo. Hacía mal en alimentar sus expectativas solo por herirme. ¿Solo? —Tampoco hace falta que os dejéis de hablar, os divorciáis y seguís como ahora, echando un polvo cuando os venga en gana, el abuelo Andrés no se va a enterar y yo no soy celoso. Me alejé de ellos, no soportaba tanto cinismo. Escuché planes de una nueva vida, trazando el futuro de la señora de Arjona viviendo en una mansión que imaginaba de lujo y él chupando del bote a costa del viejo marido, «cornudo por partida doble», porque pensaba cederme parte del pastel; sin abusar, me advirtió. Carmen le seguía el cuento con la única intención de ...
... mortificarme, estaba seguro, y por Dios que lo estaba consiguiendo. Una vez cumplido el objetivo de marcar los roles, Diego terminó de preparar las rayas, aspiró dos. Carmen bebía agua de la botella; a pesar de tanta afrenta mi mente morbosa no paraba de trabajar, supuse que aún le quedaban restos de semen en el paladar. La cogió desde atrás y la besó en el cuello, algo le dijo al oído que la hizo sonreír, volvió la cara y le besó, después se acercó al escritorio y aspiró el polvo blanco, se limpió la nariz con el dorso de la mano y me miró. Estaba furiosa. Él siguió el destino de su mirada, preparó otro par de rayas y me llamó la atención. —Déjale, no le sienta muy bien. —dijo con desdén. —Tú qué sabrás. —respondí irritado, mi arrebato le provocó una risa humillante. —¿Sabes quién fue el primero que me pagó por sexo? Él, sí, él, en nuestra propia casa, puesto de coca hasta las cejas. Conque ten cuidado con lo que le das, lo mismo te viola. Ah, que no te lo he dicho: también le van los hombres. Me hervía la sangre, estaba dispuesta a sacar todo lo que guardaba dentro. —Por mí, lo que haga con su culo me da igual —respondió Diego—, mientras no se acerque… Estuve a punto de dar el paso, total, si había tirado por la borda lo que quedaba de nuestro matrimonio bien podía meterme unas rayas y probar a ver dónde me conducía. Pero aún conservaba un destello de raciocinio, aún podía salvarnos. Pasaron de mí. Carmen apoyó el culo en el borde del escritorio y la falda ...