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Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... menguó, él quedó parado entre sus piernas, le ofreció un cigarrillo, se lo encendió —me gusta cuando el humo le hace guiñar los ojos—, se miraban con ganas, hablaban, le colocó un mechón detrás de la oreja. Era todo tan íntimo, demasiado íntimo. Le tenía puesta una mano en el muslo, fumaban, se adentró debajo de la falda y le ganó el pulso que mantenían con la mirada, qué le estaría haciendo para tener que acomodarse. «Mírale cómo mira», le dijo burlona y aparté los ojos antes de cruzarme con los de él. Sentí que sobraba, había algo entre ellos, aquello no era propio de una mujer sometida ni él parecía el hombre que la había maltratado. Ni yo el esposo de la mujer más hermosa de la tierra. Imbécil. —…me quedaré hasta el domingo, Mario se va antes. —la escuché decir. —Tengo asuntos urgentes en Madrid, resuelvo lo de la junta y me marcho. Una conversación como otra cualquiera, salvo por un detalle: esa mano perdida entre los muslos de Carmen seguía escarbando. —Me encargaré de que no le falte de nada a nuestra potranca. ¿En qué hotel estáis? —En el Isla Cartuja, ella se queda en casa de Candela. —Teníamos ganas de pasar unos días juntas. —Cocinar, hacer la colada… cosas de chicas, no todo va a ser follar, ¿eh? —Puedes quedarte en el hotel cuando me vaya, si quieres. —A mí niña no le hace falta hotel. Se inclinó y le dijo algo al oido, la mano seguía perdida bajo la falda. Carmen sonrió. —Me lo pensaré. —Qué tienes que pensar, está ...
... decidido. —Es que… he venido a estar con Candela, no le voy a hacer un desaire. —protestó con un delicioso mohín. —¡Ven aquí! Candela obedeció, había entrado seguida de Curro que volvió a su pose de matón; se detuvo delante de ellos, mostraba algo más que preocupación. Ni siquiera me había mirado. Había visto la mano perdida bajo la falda. Diego le señaló la coca y después de insistirle, la esnifó. —Carmen se muda a mi casa, ¿algo en contra? —Si ella quiere… —Resuelto. —Bueno, ya veremos. —Recuerda que el lunes tienes que estar en Madrid. —dije por tratar de hacerle recobrar el sentido común. —¡Ay, ya lo sé, Mario, pareces mi padre! —Dale un respiro, papi. —se burló Diego. —Te fastidio, ¿eh? —No sabes cuánto, y en días como hoy, más. Me alejé porque estaba a punto de dar un portazo y dejarla colgada, se lo merecía, pero no lo iba a hacer, aún estábamos a tiempo de reconducir lo que a estas alturas estaba totalmente descontrolado. Candela se acercó por detrás y trató de alentarme con unas caricias. —A ver, dejaros de mimos. Venga, poneros juntas. Carmen se alisó la falda y se colocó a la derecha de Candela. —Vaya dos, con un par de retoques vais a parecer gemelas, ¿no te parece? Ven aquí, socio. Ocupamos asientos en primera fila; en cuanto encontrara la ocasión retomaría el plan, le diría lo que habíamos pensado, Carmen reaccionaría, seguro, pasaría el enfado, nos iríamos. Las miré, era exagerado decir que parecían gemelas, aunque ...