1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... bien podían pasar por hermanas. Pensaba en ello cuando le oí ordenarles que se quitaran la ropa, «Todo menos las medias y los tacones, quiero veros en pelotas, ya». Candela obedeció al instante, Carmen tardó lo que tardó en caer la primera prenda de su amiga, enseguida quedaron desnudas esperando la siguiente decisión del capo, exhibidas ante nosotros, hermosas, con un toque de arrogancia ausente en Candela y un punto de rubor también. No me miraba, no podía. La coca mostraba su efecto en el rostro de ambas. A la mierda el plan.
    
    —Gemelas, lo que yo te digo. A ver esos culos.
    
    Se giraron dando cortos pasos como lo hacen las geishas, con los dedos entrelazados infundiéndoles seguridad. Dos hermosos cuerpos, dos cuerpos de curvas bien formadas, nalgas firmes, cinturas estrechas y espaldas rectas, la de Carmen más ancha y tonificada efecto del deporte y la natación, los hombros estirados marcando el surco de la columna y unos preciosos hoyuelos en la base de los riñones ausentes en el cuerpo de Candela. Diego las estudiaba con detalle, no hacía otra cosa que llevarse la mano a la cara. Si hasta yo lo notaba. El aire olía a ella. Temí lo peor, que estuviera tan enganchado a esta mujer como lo estoy yo.
    
    —Mañana vais a la peluquería, que te lo corten como la nueve, a ti que te den un rizadito. —Me dio un codazo—. ¿Te las imaginas? Clavaditas, iguales. Van a triunfar. ¡A ver esas caritas!
    
    Las manejaba como ganado. Ellas se dieron la vuelta sonrientes, impetuosas, con un ...
    ... toque de ingenuidad impropio de dos putas. Parecidas, pero no tanto como siempre había creído; emparejadas destacaban las diferencias y Carmen ganaba por goleada: el rostro, dulce; los hombros, anchos; las clavículas, bien formadas; el pecho, breve; las costillas, dibujadas en la piel; el vientre, plano y definido; las crestas de las caderas, marcadas; el pubis, prominente; el vello, rizado y mullido; los muslos, torneados; ni un gramo de grasa en exceso. Candela era perfecta, sí, y me la recordaba en su ausencia, pero no era Carmen, sin duda era una excelente copia de una imponente mujer, aunque la maternidad y la falta de ejercicio le pasaban factura. Diego les dio un repaso comparando detalles. Primero, el cabello de una y otra, insistió en cortar la melena de Candela hasta igualar el largo de ambas y darle el rizado a Carmen, ninguna protestó, luego les pasó los dedos por el vello del pubis.
    
    —Bien que lo siento, nueve, porque me gusta más así, pobladito y frondoso sin pasarse, pero te lo vas a recortar como la siete. Y tú, espabila, a ver qué haces para cambiar el estilo.
    
    En aquella época, Candela lucía una estrecha franja que dejaba las ingles desnudas, yo también prefiero el vello como lo lleva Carmen, cuidando el volumen y los bordes, sin embargo jamás se me hubiera ocurrido afearle su estilo
    
    —Que te lo arreglen en la peluquería, acuérdate. —añadió distraído.
    
    Silencio. Diego mantenía la mirada fija en el pubis de Carmen. Sería por la postura, cargaba el peso ...
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