1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... sobre una pierna, con una mano a la cintura y vencida hacia un costado, el volumen del sexo destacaba como una pequeña loma en medio de un valle donde el vientre firme y las caderas marcadas bajo la piel delineaban suaves formas.
    
    —¡Virgen santa! Menudo chocho te ha dado Dios. —exclamó rompiendo el silencio. Carmen se mostró por primera vez vulnerable, y yo, quemado después de tanta humillación, aproveché la vulgar grosería para tomar la revancha.
    
    —La bultaco —Atraje la atención de todos y continué el cruel ataque—. En el colegio la llamaban la bultaco, ¿verdad, “nena”? (8)
    
    Me lanzó una mirada cargada de odio. Diego cogió al vuelo el sentido del mote y estalló en carcajadas que la terminaron de avergonzar.
    
    —¿La bultaco? ¿va en serio?
    
    —Durante el verano pegó el estirón y al volver estaba tan buena que las compañeras la odiaron; las había eclipsado, todos los chavales que el año anterior no la miraban se olvidaron de las princesitas del colegio. El patito feo, la jirafa, se había convertido en el cisne blanco, todos estaban por Carmen y ya sabes, la envidia es muy mala y entre las chicas es mucho peor; le hicieron el vacío, en los vestuarios del gimnasio se metían con ella, decían que estaba plana, figúrate, alguna se fijó en el bulto que le hacían las mallas —siempre ha sido de marcar paquete, nada exagerado ya lo ves— y las princesas destronadas corrieron la voz de que la jirafa tenía una Bultaco entre las piernas.
    
    —Qué hijas de putas son las tías, si yo te ...
    ... contara…
    
    La mirada de Carmen pasaba de la súplica al rencor más profundo, pero me había estado atacando tanto que no calculé la magnitud del daño. Curro se acercó a curiosear.
    
    —A ver… pues no…
    
    —Ponte como estabas antes. ¡Sí, joder, apoyada en la pierna!, eso es, más, ¡muévete, estás rígida!
    
    Carmen, aturdida por tanta orden a gritos, se dejaba manejar como un autómata, Diego la movía y cambiaba de postura sin que ella reaccionara y a mí me ponía burro.
    
    —La espalda hacia atrás, ¡un poco más, estás sorda! Ahora. ¿Lo ves?
    
    —Joder, es verdad, tienes un coño del tamaño de un albaricoque, tía.
    
    —Con su rajita y todo. —se me ocurrió y lo dije. Estaba desatado, la sonrisa burlona de los dos macarras me animó a seguir la senda de los que, siendo poco más que una niña, se cebaron en ella. ¿Cómo no me di cuenta de lo que le estaba haciendo?
    
    —¡Un hámster peludito! —soltó Diego, se estaban desmadrando.
    
    —Va, va —intenté apaciguar—, es una cuestión hormonal, algunas chicas tienden a acumular más grasa ahí.
    
    Era inútil, a esos dos les sobraba tanta información, ellos seguían a lo suyo, haciendo bromas sobre el volumen del coño de Carmen. La observé, había enrojecido, lo estaba pasando realmente mal. Debería haber parado, pero estaba empeñado en hacerle pasar por lo que me había hecho pasar a mí.
    
    —El mote de La Bultaco se extendió entre los chicos y…
    
    —Y les salió el tiro por la culata, porque si pretendían humillarme no me conocían —dijo fulminándome—; aguanté, ...
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