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Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... afecto tan grave que sustituir la explotación de Diego por la mía parecía un premio, hasta ese punto se había degradado su autoestima. Sin familia ni amigos, lo que una vez me confesó se volvía la mayor de las pesadillas y yo representaba el único punto de luz al que agarrarse mientras durase. «—Qué será de mí dentro de unos años, cuando el cuerpo se resienta y no sirva para puta. Mira a Toni, con cuarenta ya le resulta difícil encontrar clientes y lo que consigue es tan deprimente… ¿Y Patri?, cuando tenga catorce o quince, qué pensará de mí, qué les dirá a las amigas cuando le pregunten por su padre o a qué se dedica su madre. Se avergonzará, Mario, crecerá y me quedaré sola. Eso es lo que me espera, la soledad.» ¿Y nosotros? ¿qué será de nosotros? ¿cuánto tardaré en aceptar que la he perdido sin remisión? ¿la olvidaré algún día? Me espera la soledad, como a Candela, y no estoy preparado para soportarlo. Lo aparté de mi cabeza, dolía demasiado. Apuré la copa, tracé unos círculos en el aire en dirección a la camarera. Tenía otra preocupación más acuciante. Si Diego se estaba moviendo por ambientes de tanto nivel, me inquietaba quién podía estar interesado en dejarse ver por un tugurio como el Penta y con qué fin. Tenía que decírselo cuanto antes para que estuviera precavida, aunque no quisiera escucharme; quién sabe en manos de qué pervertidos podía estar ahora mismo. Qué absurdo, lo más que podía pasar es que alguien la reconociera. ¿Me parecía poco? No ...
... debíamos haber venido a Sevilla, esto era una locura. Calma, soy consciente de que la percepción se adapta a múltiples variables; reconocemos a las personas no sólo por los rasgos físicos sino por el entorno donde esperamos encontrarlas, por su atuendo habitual o por el grupo con el que se relacionan. La posibilidad de que alguien que hubiera tratado a Carmen durante el seminario la reconociera en el Penta vestida y maquillada como una puta y actuando como una puta era escasa, los que la conocían esperaban a otra persona diferente y mucho menos encontrarla en ese lugar. Los ojos ven lo que esperan ver. No podía mantener esta actitud de alerta injustificada, me marcharía, ella se quedaría trabajando, Diego se haría cargo de ella, la cuidaría. Debía cambiar de mentalidad. Además, había roto con ella. ¡Dios, había roto con ella! «Ellos tienen razón la felicidad, al menos con mayúscula, no existe ah, pero si existiera con minúscula sería semejante a nuestra breve presoledad. Después de la alegría viene la soledad después de la plenitud viene la soledad después del amor viene la soledad» —Elena, soy Mario. —Mario, qué sorpresa. —Estoy en Sevilla, ya sé que es muy tarde y tú tendrás tus planes. Me gustaría verte. Necesito verte. «Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos claro que la ...