1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... eso.
    
    —No me estoy imaginando nada. Quiero que vos me cuentes —le agarré una teta y ella respondió apretando mi bulto.
    
    —Uno de los strippers me metió en un cuartito… y ahí… uf… me pegó una cogida tremenda. Casi me parte al medio con esa poronga enorme.
    
    —¿Y solo uno te cogió?
    
    —No, no… entré a ese cuartito varias veces esa noche… y algunas de mis amigas también.
    
    —Debió ser muy lindo verte en actitud de puta.
    
    Mi mano se deslizó suavemente bajo su tanga, acariciando su clítoris antes de descender por sus labios ya humedecidos. Virginia exhaló un suspiro tembloroso ante mis caricias, sus dedos encontrando el camino hacia mi pantalón. La tibieza de su tacto sobre mi miembro envió una oleada de placer a través de mí. Comencé a masturbarla lentamente, mis labios recorriendo su cuello, mientras nuestras palabras se disolvían en un lenguaje puramente físico.
    
    Virginia, sin rodeos, se arrodilló frente a mí, bajando mi pantalón con una urgencia palpable. Su boca envolvió mi miembro con devoción, cada movimiento de su lengua y labios enviando ondas de éxtasis a través de mi cuerpo. Observé su reflejo en el espejo, su cuerpo curvado en una pose de pura entrega. Aunque disfruté cada momento, sabía que necesitaba más.
    
    En el probador, un taburete acolchado en negro esperaba en el centro. Virginia, comprendiendo mis intenciones, se posicionó en cuatro patas sobre él. Me coloqué detrás de ella, deslizando su tanga roja a un lado para revelar su vagina, brillante y húmeda. ...
    ... Con una precisión deliberada, apunté mi miembro y la penetré
    
    —Ahora vas a ver lo que es una buena pija, putita…
    
    —Ay, sí… métamela toda —fue su respuesta jadeante, entrecortada por una respiración acelerada.
    
    Así comenzó nuestro ritual primitivo; una danza pornográfica de cuerpos entrelazados donde cada embestida acrecentaba el ritmo frenético del placer compartido. Un jadeo aquí, un gemido allá. Y la verga entrando y saliendo sin parar. Mis movimientos cobraron intensidad, volviendo nuestro acto en un torbellino desenfrenado que resonaba en los confines del pequeño espacio. Su concha comenzó a chorrear jugos.
    
    Sentí cómo nuestras pieles chocaban con un sonido seco pero lleno de promesas incumplidas mientras nos hundíamos más en aquel trance voluptuoso. Virginia empujó hacia atrás con renovada urgencia, buscando que la verga se meta aún más hondo en su estrecha vagina.
    
    De repente, en medio del remolino arrebatador donde estábamos perdidos, la cortina se descorrió inesperadamente. Me detuve un instante al ver a Daiana entrar en escena. La empleada no pareció indignarse ante nuestra actuación impúdica. En cambio, su rostro se iluminó con una sonrisa pícara que destilaba entendimiento tácito y malicia jovial.
    
    —¿Y tu amiga? —Le pregunté.
    
    —Gisela ya se fue.
    
    —Ah, ¿y viniste a curiosear? —Pregunté, sin dejar de meterle la verga a Virginia.
    
    —Vine a mirarla a ella, no te hagas ilusiones. ¿Cómo andás Virgi? ¿Otra vez jugando a la putita?
    
    —Ya me conocés… uf… ...
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