1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... este disfraz me encanta. Te pasaste, Dai, como siempre… es hermoso lo que hacés.
    
    —Más hermosa sos vos, morocha —respondió Daiana—. ¿Y al final te animaste en la fiesta pasada?
    
    —Sí, me animé… y me encantó.
    
    —¿Te referís a engañar a tu novio?
    
    —No, no… eso me hace sentir culpable… ay… sí, dame duro… —Sin soltar su cintura seguí dándole con todo—. Daiana se refiere al sexo anal. Y sí… me rompieron la cola. Varias veces. Me encantó, fue… uf… hermoso.
    
    —Uy, ya me imaginaba que este tremendo orto no podía ser virgen. Habrá que probarlo.
    
    Daiana me pidió que espere un momento. Volvió con una crema lubricante, específicamente para sexo anal. No quise preguntarle por qué tenía eso a mano, de todas formas me hice una buena idea. Podrá ser lesbiana, pero me imaginé que jugaría con un buen dildo en su culo, como lo hace Marcela.
    
    Apliqué la crema generosamente sobre mi verga, sintiendo cómo se deslizaba suavemente sobre mi piel. Virginia, completamente entregada, no puso ninguna objeción; sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y curiosidad.
    
    Con un movimiento lento pero firme, empujé mi verga y, para mi sorpresa, comenzó a deslizarse con una facilidad inesperada dentro de su culo. La sensación fue indescriptible, una mezcla de placer y asombro. Estaba penetrando el trasero espectacular de una morocha que acababa de conocer, y todo mientras una chica delgada y tortillera observaba la escena con una mezcla de fascinación y envidia.
    
    Virginia meneó el orto, como ...
    ... solo las putas expertas saben hacer. Bailaba para mí como debió bailar para los strippers en esa fiesta de disfraces. Yo seguía sin poder creer que esto estuviera ocurriendo de verdad. La verga me palpitaba de gusto con cada penetración.
    
    Todo era perfecto, casi irreal, hasta que el celular de Virginia comenzó a vibrar. Primero fue un zumbido sutil, luego un tono agudo que rompió el hechizo. Virginia suspiró, se inclinó para sacar el teléfono del bolsillo trasero de su jean, que yacía arrugado en el suelo, y miró la pantalla con una expresión de fastidio.
    
    —Es mi novio —dijo, con un tono que parecía cargar el peso de una obligación incómoda. Atendió la llamada sin mucho entusiasmo—. Hola... ajá… no, todavía no. Ahora no puedo. Ajá… no, Sebas, no puedo. Estoy en la tienda de disfraces.
    
    No pude escuchar lo que decía el tipo del otro lado, pero por la forma en que la mirada de Virginia se tensó, estaba claro que no estaba preguntando cómo le quedaba el traje.
    
    —No, no estoy haciendo nada raro —respondió ella, con un tono que oscilaba entre la excusa y el desafío—. Estoy eligiendo mi disfraz. Ya te dije que no pienso dejar de hacer mi vida solo porque tenga novio. Tengo veinticinco años, ¿sabés? No puedo andar haciendo vida de señora, no todavía.
    
    Me acerqué a ella de nuevo, esta vez sin pedir permiso, con la misma actitud desafiante que había adoptado desde que me convertí en Cristian. Tomé el teléfono y hablé directamente al auricular:
    
    —No molestes, flaco. Estamos en ...
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