1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... algo importante acá.
    
    Esperaba que Virginia se enojara, que frunciera el ceño o me arrebatara el teléfono de la mano. Pero en lugar de eso, se rió. Una risa genuina, divertida, como si le hubiera dado justo el empujón que necesitaba para liberarse.
    
    Del otro lado se escuchó algo, un grito, un insulto, una amenaza velada. No entendí del todo, pero no me hizo falta. Virginia respondió con un tono provocador, como si le echara leña al fuego con una sonrisa maliciosa.
    
    —¿Y qué esperás? Soy una diablita… y las diablitas se portan muy mal.
    
    Aprovechando que aún tenía el teléfono en la mano, nos acerqué un poco más y tomé una foto del culo de Virginia, con mi verga bien metida dentro. Le devolví el teléfono y le dije:
    
    —Dale, mandale la foto… mostrale lo que estamos haciendo. Para que aprenda que vos no tenés dueño.
    
    Virginia, quizás cegada por la calentura, le mandó la foto sin más. Luego puso el teléfono en su oreja, soltó una risita y dijo:
    
    —Sí, sí… me estan metiendo toda esa pija por el orto… uf… y me encanta.
    
    La actitud de puta de esta flaca me vuelve loco.
    
    —Listo, campeón —dije al micrófono—. Ahora dejá de interrumpir.
    
    Y colgué.
    
    Cristian lo había hecho otra vez. Y Abel… no tenía ni idea de en qué se estaba metiendo.
    
    Seguí dándole duro por el orto a Virginia, hasta que ella volvió a ponerse de rodillas, para volver a chupar mi verga. Eyaculé en toda su cara, llenándosela con semen. Volví a tomar su celular y le saqué una foto, para que tuviera ...
    ... otro lindo recuerdo de este momento.
    
    —Quiero esas fotos —dijo Daiana—. Definitivamente las quiero.
    
    —Después te las paso, linda —dijo Virgi, guiñando un ojo… con la carita toda enlechada.
    
    ***
    
    Salimos juntos de la tienda, como si fuéramos dos amigos de toda la vida. Virginia ya se había cambiado, volvía a su ropa de calle: jeans ajustados, musculosa blanca y una campera liviana colgada del brazo. Aun así, su culo seguía llamando la atención.
    
    Yo, en modo Cristian, hacía lo posible por seguirle el ritmo. Me sentía raro, inflado por dentro, como si hubiera tomado algo fuerte. Pero apenas doblamos la esquina, el aire cambió.
    
    Había un tipo esperándonos. Grandote. Espalda ancha, remera ceñida al cuerpo, pelo rubio revuelto, mandíbula apretada. Tenía pinta de rugbier con resaca y ganas de quilombo. Sus ojos eran dos brasas cargadas de furia, y apenas me vio, vino directo.
    
    —¿Así que vos sos el pelotudo que se pasa de vivo con mi novia?
    
    Me frené en seco. Todo el personaje de Cristian tembló por dentro. Ese tipo me sacaba dos cabezas y parecía hecho de piedra. Por un segundo pensé en correr. Pero me obligué a mantenerme firme, aunque la voz me salió más tensa de lo que quería.
    
    —Pará un poco. Tranquilo. No armemos un escándalo por una boludez.
    
    El tipo avanzó un paso más, con el puño cerrado. Me di cuenta de que tenía los nudillos marcados, como si ya hubiese golpeado cosas antes. Yo no era un peleador. Nunca lo fui. Abel nunca había recibido una piña en serio, y ...
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