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¡La Concha de mi Hermana! [11]
Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... Cristian… Cristian estaba a segundos de comer la primera. Pero entonces Virginia se interpuso. Se plantó entre los dos y puso una mano en el pecho del rugbier. —¡Basta, Seba! —dijo ella, con un tono suplicante que me descolocó—. Por favor. No hagas esto. —¿Qué mierda te pasa, Virginia? —escupió él—. ¿Otra vez haciéndote la puta con el primero que te dice que estás buena? Sos una cualquiera. Una arrastrada. No te pueden dar dos segundos de atención que ya te vas con las patas abiertas. Y lo de la fiesta de disfraces… ¿es cierto lo que dice la gente? —No sé qué dice la gente… —No te hagás la boluda, Virginia. Dicen que te garcharon un montón de tipos… y hasta minas. Y ahora esto… ¡Me mandás una foto de un tipo que te la mete por el culo! Y a mí me tenés prohibido darte por el culo ¡Sos una hija de puta! —Este… em… —Virginia parecía buscar alguna vía de escape en la vereda. Por suerte no había curiosos mirando, pero en cualquier momento podrían aparecer. —¿Te gustó? —De pronto su voz se adoptó una serenidad peligrosa. Virginia lo miró en silencio, con los ojos muy abiertos—. ¿Te gustó que te la metieran por el culo? ¿Eh? Decime la verdad… —Ssí… me gustó —dijo, agachando la cabeza. Eso me alimentó la autoestima de una forma que no puedo explicar. Aún así sentí cómo se me apretaba la mandíbula, no me gustaba nada la actitud de este pelotudo. Pero ella… no reaccionó como esperaba. No lo mandó a la mierda. Ni le dijo que ella es dueña de su cuerpo. No… ...
... lo que salió de su boca fue: —Perdón, Seba… sí, sí… tenés razón. Fui muy lejos… fue solo por una calentura. Lo juro… no significó nada. Tenés razón, me porté mal. No quiero pelear más. Solo quiero que nos vayamos a casa, ¿sí? Te juro que te amo. Por favor. Me quedé helado. Esa misma chica que se movía como diablita minutos antes, que reía, que coqueteaba… ahora parecía una nena pidiendo perdón por existir. Y lo peor: parecía sincera. No me aguanté. —Si se porta así, capaz es porque su novio no la satisface en la cama. —Solté, sin pensar. O capaz sí lo pensé, pero Cristian lo dijo primero—. Ella me explicó bien clarito que su novio tiene el pito corto, y que eso no la calienta. Ese culo necesita pijas de buen tamaño. El rugbier me miró. Pero no como se mira a alguien con bronca. Me miró con un odio puro, seco, de esos que no necesitan más palabras. Sentí que estaba por morirme. El golpe me agarró sin aviso. Un puñetazo seco, directo al estómago. Sentí cómo el aire se me escapaba de golpe, como si me hubieran vaciado por dentro. Me doblé sobre mí mismo, con las manos en la panza, intentando respirar, con una especie de gemido ahogado escapándoseme de la garganta. —¡Seba, basta! —gritó Virginia, desesperada, colocándose entre los dos—. ¡Por favor, no! ¡Yo te amo, igual te amo! Eso me descolocó por completo. No fue el grito, ni el tono suplicante, ni siquiera la forma en que le puso el cuerpo para frenarlo. Fue esa palabra: “igual”. Ese igual lo cambió ...