1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... el golpe, y le hice un gesto con la mano.
    
    —Solo necesito un lugar para cambiarme —murmuré, la voz todavía algo tomada.
    
    Ella asintió sin decir nada más, y yo me metí en el probador como quien entra a una cueva a lamerse las heridas. Me saqué la peluca y la barba con movimientos lentos, como si cada gesto fuera parte de un ritual de regreso. Luego me puse de nuevo mi ropa: esa que había traído al principio, sencilla, sin brillo, la que conocía como propia. La camiseta gris, los jeans cómodos, las zapatillas que ya tenían forma de mi andar. El disfraz de Cristian quedaba atrás, al menos por ahora.
    
    Cuando salí, Daiana seguía junto a la puerta. Le pedí, con una mirada, que la abriera. Ella accedió sin palabras, bajó la traba y dejó que el mundo volviera a entrar.
    
    Me cubrí parte de la cara con el celular, como si eso bastara para volverme invisible, y caminé con calma forzada hacia la calle, tratando de parecer indiferente. Como si no me importara nada. Como si no acabara de pasar lo que acababa de pasar.
    
    Seba me interceptó a los pocos metros. Me miró con recelo, pero también con una pizca de desconcierto.
    
    —¿Viste al flaco que entró recién? Al rubio de barba...
    
    —No quiero problemas —dije, con la voz algo ronca, sin mirarlo demasiado.
    
    Y seguí caminando, como si nada me importara, como si no acabara de enfrentarme a un tipo que me podría haber dejado tirado en la vereda con un solo golpe bien dado. Pero por dentro, el pecho me latía con fuerza, como si cada ...
    ... paso que daba estuviera empujado por una mezcla desordenada de miedo y adrenalina. Me obligué a no apurar el ritmo. A mantener la espalda erguida. A no mirar atrás.
    
    Detrás de mí, escuché la voz firme de Daiana elevándose por sobre el murmullo de la calle:
    
    —Andate, Seba. Porque ya mismo llamo a la policía.
    
    De reojo, lo vi alejarse. No solo, sino tomado de la mano de Virginia. Ella caminaba a su lado, con la cabeza gacha, como si no supiera muy bien a dónde ir. En un momento, sus ojos se cruzaron con los míos. Me miró con extrañeza, como si intentara reconocer algo en mi cara… o como si simplemente no entendiera quién era yo ni de dónde carajo había salido.
    
    No tenía tiempo para darle vueltas a esto, al fin y al cabo probablemente nunca más vuelva a ver a Virginia. Es una pena, voy a extrañar su culo. Seguí caminando.
    
    La adrenalina todavía me quemaba bajo la piel, como si el cuerpo no quisiera volver del todo a la calma. Yo no era de meterme en este tipo de quilombos. Nunca lo fui. Pero Cristian sí. Cristian tiene aventuras con diablitas pícaras, enfrenta a novios violentos, se mete en problemas y devuelve trompadas.
    
    Y ahí estaba la diferencia.
    
    Lo más aburrido de ser Abel era eso: que yo nunca me metía en problemas. Ni en líos, ni en enredos, ni en situaciones que te sacan el alma del cuerpo y después te la devuelven más viva. Mientras me alejaba por la vereda pensé si no valía la pena intentar algo distinto. Tal vez no vivir disfrazado… pero sí salir, de vez ...