1. La búsqueda (IV)


    Fecha: 20/08/2026, Categorías: Grandes series, Autor: MN_IS, Fuente: CuentoRelatos

    Isa salió a la calle con pasos rápidos y confiados. La seguían Mario y Moní, metros atrás, callados y con los ojos en el piso.
    
    Por supuesto, todos estaban bastante excitados por el faje que había tenido en aquel café oscuro, pero vivían esa excitación de formas muy distintas. Isa se había asegurado de tener un rol completamente activo, casi podríamos decir “servicial”, y sus compañeros sólo la habían tocado sobre la ropa. Su excitación era una excitación de ver y de tocar, y de raspar leve y frustradamente sus piernas en busca de un contacto.
    
    Moní y Mario estaban en un caso muy distinto, y salieron del café como borrachos. Así como a los borrachos el aire frío del exterior los despierta a la fuerza, pero al mismo tiempo renueva su embriaguez y hace que piensen “estoy peor de lo que pensé, ¿ahora cómo voy a caminar?”, justo así el brillo fresco de la tarde-noche golpeó a Mario y a Moní. Él tenía problemas para seguir el paso de Isa, puesto que llevaba una erección notable; Moní, que había tenido dos orgasmos, sentía doblarse sus rodillas y, ahora, en el exterior, se daba cuenta de su cansancio.
    
    Nadie recordaba bien cómo habían quedado en dirigirse a un motel llamado Atman-Artha, que quedaba al final de esa calle, dorada por los últimos rayos del sol. Moní pensaba que ni Isa ni ella solían ir a moteles. Ambas buscaban precisamente a la clase de hombres que tienen casas propias y encuentran un gusto burgués en presumirlas a sus amantes. La propuesta, entonces, debió ...
    ... venir de Mario. Mario, por su parte, estaba tan ofuscado que no recordaba más que el primer beso de Moní y el momento en el que Isa le había dicho “cógetela”.
    
    Isa caminaba varios metros adelante y cada tanto se volteaba para lanzarles miradas maliciosas. En algún momento, a varias cuadras del motel, miró a Moní e hizo con los dedos el signo de una “V”, en el que metió su lengua a toda velocidad, como si fuera un camaleón. La imagen excitó tanto a Moní que sus efectivamente se vencieron y estuvo a punto de caer. Mario le prestó su brazo para evitar que cayera, y le dio apoyo para volver a incorporarse. Moní se sorprendió de que fuera tan fuerte como para soportarla; Mario se sorprendió de que fuera tan ligera. Se miraron un largo instante, sonriendo.
    
    —¡Por el amor de Dios! No tienen que esperar a que lleguemos para darse un beso, ¿saben? —se burló Isa, copiando el tono sarcástico de Moní.
    
    La sonrisa de ambos se volvió risa; una risa de compañerismo, y sencillamente siguieron caminando. Casi de inmediato, Moní confesó:
    
    —Yo no he ido nunca a un motel.
    
    —No tiene nada de especial —dijo Mario, tratando de tranquilizarla—. Las sábanas son duras y los baños excéntricos. Poco más.
    
    —¿Y cómo vamos a registrarnos? —preguntó ella.
    
    —¿Cómo que “cómo”? —dijo Isa, regresando sobre sus pasos para abrazar a Moní, con un cariño burlón. —Mi amor, ¿acaso te molesta que el recepcionista sepa que vamos a hacer un trío?
    
    —De verdad te mataría hablar más bajo, ¿verdad, zorra? —le ...
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