1. La grieta


    Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... que lo envolvía con placer. Cerró los ojos y dejó que el gemido contenido de él la llenara de orgullo.
    
    La boca de Sona se volvió un remolino de deseo: lo lamía, lo besaba, lo tragaba con hambre creciente, disfrutando cada gemido que arrancaba de su pecho. Sus labios se abrían y cerraban con ritmo firme, y cada vez lo recibía más profundo, hasta sentir cómo él temblaba contra su garganta. El joven intentó contenerse, sujetando su cabeza con fuerza, pero su cuerpo lo traicionó: las caderas se impulsaron solas y en un espasmo final derramó todo su semen en su boca. El calor espeso y abundante la sorprendió, pero Sona no apartó la mirada, lo sostuvo hasta el último estremecimiento, tragando con un gesto decidido, orgullosa de haberlo llevado al límite sin darle respiro. Cuando se incorporó, tenía los labios húmedos.
    
    Sona estaba aún encendida cuando Cristian llegó a casa. La esperaba en la sala, con las piernas recogidas bajo la manta y una sonrisa que él conocía demasiado bien: mezcla de travesura y de confesión pendiente. Apenas se sentó a su lado, ella apoyó la cabeza en su hombro y, sin rodeos, le susurró al oído:
    
    —Lo hice. Hoy dejé que él entrara a casa… y me arrodillé frente a su verga.
    
    Cristian giró el rostro, sorprendido, aunque no con celos sino con esa chispa de interés que lo atravesaba siempre que ella le hablaba así. —Su semen fue demasiado —susurró Sona, con una sonrisa torcida, pasando un dedo por su barbilla húmeda—. Se me regó por aquí… y sé que le ...
    ... parecía una puta. En fin… eso está en mi naturaleza.
    
    —¿Y? —preguntó en voz baja, acariciándole el muslo—. ¿Cómo fue?
    
    Sona soltó una risa entrecortada, casi nerviosa, y lo miró directo a los ojos:
    
    —Grande, fuerte… no me alcanzaban las manos. No pude detenerme, lo quise entero dentro de mi boca. Sentí cómo se rendía, cómo me llenaba… y me excitó tanto que pensé en ti todo el tiempo, en cómo ibas a querer escuchar cada detalle.
    
    Esa noche, en la penumbra de la habitación, Cristian tomó a Sona por la cintura y la recostó sobre la cama. Ella, aún con el fuego de la confesión latiéndole en la piel, lo miró con una sonrisa húmeda de deseo.
    
    —¿Así te arrodillaste? —le susurró él, empujándola suavemente hacia el suelo.
    
    Sona obedeció sin titubear, se arrodilló a los pies de la cama y abrió los labios como si aún guardara la memoria de la verga ajena. Cristian, excitado por esa imagen, la tomó del cabello y la guió con fuerza hacia la suya, disfrutando de verla repetir en él lo que antes le había narrado. La puerta de la habitación estaba abierta, siempre lo estaba, atentos por si Amanda despertaba.
    
    —Quiero que te calles y obedezcas —le ordenó con un murmullo grave, mientras ella lo miraba desde abajo con los labios húmedos.
    
    Sona, con la respiración agitada, sintió la vibración de esa orden recorrerle todo el cuerpo: no era solo el sexo. Cristian notó el brillo en los ojos de Sona y lo usó en su favor, empujando un poco más, sujetándola sin piedad. Fue entonces ...