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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... del suyo. Por un momento, creo que va a besarme allí mismo, entre las máquinas de ejercicio y los espejos que reflejan nuestra complicidad. En lugar de eso, se inclina y susurra en mi oído: —Llevaré vino. ¿Alguna preferencia? Su aliento cálido contra mi piel me provoca un escalofrío que no puedo disimular. —Sorpréndenos —logro articular. Se separa con una sonrisa que promete mil cosas, todas ellas prohibidas y deliciosas. —Hasta esta noche, entonces —dice, alejándose hacia las pesas—. Espero con ansias ese... postre. Lo observo marcharse, su espalda ancha y sus caderas estrechas moviéndose con una confianza que me hace imaginar cómo se verá sin esa ropa deportiva. Mi corazón late desbocado, pero no es por el ejercicio. «Lo hice», pienso, entre aturdida y eufórica. «Dios mío, realmente lo hice». Ahora solo queda volver a casa y contarle a Fabrice que esta noche, Fresita tendrá compañía. Y yo también. Recojo mis cosas con manos temblorosas, una sonrisa imborrable en mi rostro. Me siento más viva y traviesa que nunca en mis sesenta y cuatro años. La vida, definitivamente, no ha terminado conmigo. De hecho, tengo la sensación de que apenas está empezando. El camino de vuelta a casa es una tortura exquisita. Cada paso me recuerda que en unas horas, Vicente estará en nuestro piso, sentado a nuestra mesa, quizás en nuestro sofá... quizás en nuestra cama. Las piernas me tiemblan, y no es por el ejercicio. Abro la puerta de casa con manos torpes. El ...
... aroma a café recién hecho me recibe como un abrazo. —¡Fabrice! —grito, dejando caer la bolsa de deporte en el recibidor—. ¡Lo he hecho! ¡Viene a cenar! Mi marido aparece en el pasillo con una taza humeante y una sonrisa que ilumina toda su cara. Lleva puestas esas zapatillas de estar por casa que le regalé hace tres navidades, con pequeñas fresas bordadas. Un guiño a su alter ego que solo nosotros entendemos. —C'est magnifique! —exclama, dejando la taza sobre la mesita del recibidor para abrazarme—. Cuéntamelo todo,ma chérie. Me dejo caer en el sofá, aún sin creerme lo que acabo de hacer. Le relato cada detalle: cómo Vicente apareció en el gimnasio exactamente a la hora prevista, cómo sus ojos me recorrieron sin disimulo, la tensión eléctrica cuando hablamos de "compartir secretos". —Y entonces simplemente lo invité —concluyo, pasándome una mano por el pelo sudado—. A las nueve. Esta noche. Y dijo que sí. Fabrice se sienta a mi lado, sus ojos brillantes de emoción y algo más... algo que reconozco como una mezcla de nerviosismo y deseo. —¿Le has mencionado algo sobre... Fresita? —pregunta, su voz bajando una octava. —No directamente —confieso—. Le dije que el postre sería... especial. Que tú tenías talentos culinarios sorprendentes. Fabrice suelta una carcajada que termina en un suspiro pensativo. —Entonces tendremos que improvisar —murmura, más para sí mismo que para mí—. Preparar el terreno antes de la gran revelación. Me inclino y le doy un ...