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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... menos...» Fabrice regresa con las copas recién servidas, el vino perlado de condensación. Se sienta frente a mí, observándome con esa mirada que mezcla ternura y deseo. —Sabes —dice después de un momento, con la voz más suave—, mientras estaba allí, pensé en algo. —¿En qué? —En lo mucho que me gustaría compartir eso contigo. Lo miro confundida. —¿Compartir qué exactamente? ¿Tu encuentro con el macho alfa? —No, no —se apresura a aclarar—. Compartir a Fresita. Contigo y con... alguien más. Siento que mi corazón da un vuelco. ¿Está sugiriendo lo que creo? —¿Un trío? —pregunto directamente. Fabrice asiente, con una mezcla de timidez y esperanza en su rostro. —Pero no cualquier trío. Uno donde yo pueda ser Fresita, donde pueda ser amado en todas mis facetas. Donde tú estés allí, mirándome, participando... Debería sorprenderme, quizás incluso ofenderme. Pero en lugar de eso, siento una ola de excitación recorriéndome el cuerpo. La imagen mental de Fabrice transformado en Fresita, siendo deseado por otro hombre mientras yo observo, participo... es inesperadamente erótica. Suelto una carcajada que resuena en la noche valenciana y me inclino para abrazarlo. —¿Sabes qué es lo más gracioso? —digo contra su cuello—. Que llevo días pensando en Vicente. Fabrice se separa para mirarme, con los ojos muy abiertos. —¿Nuestro vecino? ¿El del 5B? —El mismo —confirmo, sintiendo un calor en las mejillas que no tiene nada que ver con el vino—. Hay ...
... algo en él... una energía, una forma de mirar que me hace pensar que estaría... abierto a experiencias. Una sonrisa lenta se extiende por el rostro de Fabrice. —Lali, ¿estás sugiriendo que intentemos seducir a nuestro vecino para un trío con Fresita? —¿Por qué no? —respondo, levantando mi copa en un brindis imaginario—. La vida es corta y nosotros ya no somos jóvenes. Si no nos atrevemos ahora, ¿cuándo? Fabrice choca su copa contra la mía, con los ojos brillantes de emoción y complicidad. —¿Y cómo propones que abordemos al señor 5B? No podemos simplemente tocar su timbre y decir: «Hola, ¿te gustaría acostarte con nosotros? Por cierto, yo vendré vestido de mujer». Ambos estallamos en carcajadas ante la imagen mental. La noche es perfecta, la terraza está a salvo de miradas indiscretas, y aquí estamos, dos jubilados planeando una aventura sexual como si fuéramos veinteañeros. —Déjamelo a mí —digo finalmente, con una confianza que me sorprende a mí misma—. Creo que tengo una idea. Y mientras el vino desaparece de nuestras copas y la conversación fluye entre risas y planes descabellados, siento una vibración de vida, de posibilidades, que hacía tiempo no experimentaba. Quizás sea una locura, pero es nuestra locura. Y eso la hace perfecta. Nos vamos a la cama cogidos de la mano como dos adolescentes que acaban de tramar una travesura. Fabrice se queda dormido en cuestión de segundos, roncando suavemente con esa expresión de satisfacción que solo tienen ...