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El Crimen del Colibrí. Parte 5
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... las paredes de su vagina se estiraban de placer. El grueso pene entraba una y otra vez en su cuerpo y la visión se volvía borrosa por la tensión del momento. Un pájaro bailaba en el aire, sobre sus cabezas, como un pervertido mirón. Y era así cómo se sentía la valenciana. Observada. Ella escuchaba a la gente hablar de sus cosas, tanto hombres como mujeres, tanto ancianos como niños. Y se moría de vergüenza al tiempo que era invadida por un placer bochornoso. Comenzó a jadear en silencio al tiempo que cerraba los ojos para solo concentrarse en el goce. Las penetraciones se volvieron más fuertes y el ruido comenzó a ser evidente. Claudia intentaba frenar a su amante sujetándolo por las caderas, pero sus manos flaqueaban al sentir el anestesiante placer. Extrañamente la sensación de orinarse no se le iba, al contrario. Se intensificó a cada instante con más urgencia. Era extraño para ella, pues era un placer difícil de describir. Uno que nacía de la degradación y la congoja. Uno que la sacaba de su cuerpo, como si no fuera dueña de sus brazos ni piernas. Que la obligaba a quedarse paralizada y dejarse mecer. Y entonces una vorágine que multiplicaba por dos su orgasmo más profundo sacudió su cuerpo y un chorro de orina transparente surgió de su entrepierna. El chorro de orina salió entre espasmos y baño las piernas de ambos con un líquido pegajoso. Ignacio, sin embargo, no dejó de meterla y sus propios espasmos lo contrajeron a él también. Retiró su miembro y eyaculó en el ...
... borde de la falda de su amante, esparciendo su semen que se pegó sobre la tela como un chicle. —Joder —dijo ella extasiada y al borde del desmayo. —No he podido evitar correrme al verte tan cachonda. —Creo que me he meado —jadeó un poco asustada, mientras reclinaba un poco la cabeza para verse la falda. Los pelos rubios en su vulva estaban empapados. —Eso ha sido una corrida vaginal. Lo he visto otras veces. Ignacio se separó de Claudia y quedó boca arriba mirando el cielo. Ella lo imitó y observó las impresionantes nubes con formas vistosas. Eran las nubes de siempre, en realidad, pero le parecieron majestuosas. —¿Qué voy a hacer? No tengo mudas con las que cambiarme —susurró con voz agotada. —Ha merecido la pena haber salido del apartamento —dijo en voz baja Ignacio, a su vez, tras una risita. Claudia también se rió mientras observaba una gran nube con forma de fresa, pero luego analizó su frase. No entendió por qué le daba tanto reparo haber salido de su piso. —No sueles salir del apartamento, ¿verdad? —No, si puedo evitarlo. La valenciana giró de nuevo la cabeza hacia él, pero sin girar el tronco, extrañada por su respuesta. —¿Te quedas toda la mañana en el piso, y también por las tardes? ¿Nunca sales? —insistió ella, que no necesitó que le repitiera la respuesta —. Y por eso has traído sombrero ahora… ¿Es por el tipo siniestro de ayer? Ignacio aspiró mucho aire para luego exhalar lentamente mientras veía cómo se deformaba una nube ...