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El Crimen del Colibrí. Parte 5
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Julian Torres, Fuente: TodoRelatos
... que le recordaba a un coche. —Así es. Necesito un poco de tiempo antes de decidir cómo afrontar la situación. Entre tanto, es mejor no llamar la atención. —¿Debes dinero? —preguntó ella sin pretender parecer maleducada. —No. Yo no debo dinero a nadie —aseguró en voz baja, en un tono triste —. Pero he hecho cosas reprochables para conseguirlo. —¿Por eso te persiguen? ¿Quién es? —preguntó preocupada. —Mientras menos sepas mejor —intentó zanjar él, agobiado. Claudia no dijo nada, pero no pudo evitar preguntar más por la preocupación. —Solo contéstame a una cosa… ¿temes por tu vida? Ignacio la miró con ojos apenados, como si hubiera dado en el clavo, pero no respondió a esa pregunta. En su lugar señaló a una nube que parecía una especie de pájaro. —Mira. ¿No te recuerda a una cigüeña? Claudia miró con detenimiento mientras ladeaba la cabeza. —Más bien me parece un colibrí. —¿Un colibrí? ¿En serio? —Sí. Tiene un ala más grande que la otra. Eso puede deberse a una ilusión óptica por el movimiento del aleteo. El ingeniero no pudo evitar la risa, pero la amortiguó al recordar que buscaban discreción. —Supongo que cada uno ve lo que quiere ver —añadió finalmente —. Tu marido es un hombre afortunado. Claudia no lo miró, pero entristeció la mirada. —Por favor, no hablemos de él… —Lo digo en el buen sentido —corrigió el ingeniero —. Tiene una familia. A dos hijos maravillosos. Su esencia está impresa en ellos. Un hombre nunca muere ...
... si su legado se perpetúa en sus hijos —divagó con la vista fija en las nubes en movimiento —. Yo… no tengo ninguno… Y tampoco sé si los tendré alguna vez. —Claro que sí. Tendrás tus propios hijos con la mujer adecuada. Eres un buen partido —le aseguró ella, convencida. Ignacio giró la cabeza en esta ocasión para mirarla a la cara. Claudia también la giró para mirarlo con afecto. —¿Tú tendrías hijos conmigo? —Desde luego —le aseguró con dulzura —. Si estuviera soltera no lo dudaría. De hecho, no sé cómo te han dejado escapar —reafirmó, para luego arquear las cejas —. Claro que tendrías que aprender a mantener tu rabo entre las piernas. Porque a ninguna nos gustan los hombres mujeriegos. —¿Parezco un mujeriego? —quiso saber el ingeniero. Claudia asintió con vehemencia y él rió con avidez —. Pues que sepas que me encantaría tener un hijo contigo. Claudia se rió efusivamente, tratando de no elevar el tono en todo momento. —Más quisieras —comentó para luego sujetar su antebrazo con sus delicados dedos —. Oye… si necesitas ayuda de algún tipo, dímelo. —No te preocupes. Lo tengo todo bajo control —le aseguró para luego suspirar —. Deberías volver con tu marido antes de que piense que te han secuestrado y llame a la policía. Claudia puso cara de alarma y se levantó como un resorte. Nada más hacerlo sintió sus piernas pegajosas. Sus medias estaban húmedas de un líquido que se había vuelto más pringoso una vez seco. Luego miró a sus bragas y las vio cubiertas ...