1. 🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (10)


    Fecha: 31/08/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos

    ... cómo me ardía la tráquea, y el pelirrojo me tapó la boca de golpe para que no hiciera ruido, partiéndose de risa al ver mi cara.
    
    —Calla, cabrón, que nos pillan —susurró con los ojos encendidos de morbo.
    
    Yo tosí otra vez, con lágrimas asomando, y me relamí los labios, aún saboreando la piel caliente. Me latía el corazón a mil, y algo dentro de mí se retorció de gusto: me estaba encantando, me estaba poniendo cachondo con todo aquello.
    
    Samuel, desde el otro lado, intentaba hacerles callar:
    
    —¡Tíos, bajad la puta voz, ostias!
    
    El pelirrojo me sujetó la nuca otra vez, despacio, y me la metió solo un poco, rozándome la lengua, como para provocarme aún más. Yo se la lamí por fuera, con movimientos inseguros, explorando, dejándome llevar.
    
    —Mírale, tío… qué maricón… —le oí murmurar a Samuel, que se había quedado embobado mirando.
    
    El pelirrojo jadeaba fuerte, su respiración era un temblor contra mi frente, y me pegó un par de cachetes suaves en la cara, riendo como un cabrón.
    
    —Te la meto bien otro día, tronco… hoy te vas a quedar con la miel en los labios —me susurró, mientras sacaba la polla de mi boca.
    
    Yo estaba tan caliente que me dolía la polla dentro del pantalón, empapada de preseminal, y casi me corría con solo sentirle. Le volví a pajear fuerte, notando que iba a reventar, y él me lo dijo con un grito ahogado:
    
    —¡Me corro, me corro! ¡Pásame el combo!
    
    Samuel, muerto de risa, le lanzó el puto cubo de palomitas en el último segundo, y el pelirrojo ...
    ... apuntó dentro mientras soltaba un gemido que se me quedó grabado en la nuca. Chorros de leche caliente mancharon el maíz salado, salpicando por fuera, mientras se doblaba de puro placer.
    
    Yo le miré, temblando, el pulso a mil, respirando a trompicones. Me sentía sucio, excitado, vivo. En ese momento no me importó nada más: ni el cine, ni la gente alrededor, ni la vergüenza.
    
    El pelirrojo se subió el pantalón como pudo, me despeinó con la mano y me soltó riéndose:
    
    —Buah, colega, qué pasada, tronco…
    
    Me quedé quieto, con las manos temblorosas, sabiendo que acababa de cruzar una línea que ya no tenía vuelta atrás. Estaba exhausto, excitado, lleno de un deseo brutal que no me cabía en el cuerpo.
    
    Los chicos se levantaron todos, cogiendo el combo de palomitas cargado de lefa como si fuera un trofeo, y salieron pasillo abajo. Yo me quedé solo un segundo, respirando hondo, dándome cuenta de que había cambiado…
    
    La pantalla se apagó, terminando la película, y salí al vestíbulo donde todos me esperaban con risas y palmadas. Raúl me soltó:
    
    —Ahora sí, tío… eres la hostia, bro.
    
    Me quedé helado. Nunca me había dichobro. Y en ese momento supe que no solo quería seguir chupando rabos: quería seguir con ellos, sintiéndome parte del grupo.
    
    Salimos del cine a trompicones, medio riéndonos, con el olor a palomitas, a sexo y a sudor pegado en la ropa. En la acera de enfrente había un parquecillo cutre con bancos de piedra, justo frente al multicine, y allí se sentaron todos, ...
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