1. Tarde en el spa


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    ... si temiéramos que nos fuesen a pillar en falta. Ni a la puerta ni en la piscina encontramos a nadie.
    
    Entré en el vestuario de caballeros y decidí darme una ducha antes de vestirme. En ello estaba cuando a mi lado, bajo la siguiente pera de ducha, se colocó el gordo que había visto antes, en pelotas lógicamente. Traté de no mirarle para no dar lugar a malos (¿o buenos?) entendidos.
    
    -Anda cabronazo que como has puesto a la chica…
    
    Me volví hacia él dispuesto a partirle la cara, pero al girarme vi que tenía la polla en la mano y se la estaba meneando sin disimulo alguno. Abrí la boca pero no fui capaz de decir nada. Mis ojos se iban muy a mi pesar a aquella barra de carne larga, gruesa, llena de venas a punto de estallar, dolorosamente hinchada…
    
    -Anda que menudo numerito...le has dado bien eh…
    
    El movimiento de su mano arriba y abajo me hipnotizaba. Su capullo gordo y púrpura, brillante de la pringue que emanaba de su punta, aparecía una y otra vez apuntándome amenazante…
    
    -Qué buena está tu novia chaval...qué tetas...qué culo…
    
    Y seguía ahí, haciéndose la paja, a pocos centímetros de mí, echándome el aliento, casi rozándome con su vientre peludo y sus tetas fofas. Un inesperado deseo de lamerlas me atormentaba.
    
    -Y esas...esas putas...de la piscina...vaya dedazo mirando...las zorrasss…
    
    Me relamí involuntariamente, agobiado por un impulso repentino de arrodillarme y meterme en la boca aquel pollón monstruoso. Imaginaba a qué sabría, cómo sería su ...
    ... tacto…
    
    -Joder qué suerte follarte a esa pedazo de guarra...aaahhh…
    
    Por suerte (¿o por desgracia?) el tipo eyaculó en ese instante, antes de que los deseos de comerle la polla fuesen del todo irrefrenables y me llevasen a la perdición. Cuatro o cinco gotas de grumo espeso como el engrudo resbalaron de su glande y cayeron al suelo pesadamente. Él se quedó como extasiado, mirándose el rabo de hito en hito.
    
    Yo aproveché para meterme en un cubículo, secarme y vestirme a toda prisa y salir pitando. Aún tuve que esperar un rato a mi novia en la recepción. Cuando salió venía como azorada, con las mejillas rojas y el pelo revuelto.
    
    -He tardado un poco porque aproveché para ducharme…
    
    Miré fijamente a sus ojos y apartó levemente la mirada. Sonreía nerviosa, y no me cupo duda de que la zorra de la deportista aquella la había esperado en los vestuarios y la había convencido, de una forma u otra, para darse un festín con sus generosas carnes recién mancilladas por mí. Seguro que se había comido esa exquisita raja peluda hasta sacarle el ese jugo mezcla de mi lefa y de su flujo. Seguro que la había estrujado, manoseado y besuqueado por todas partes. Seguro que la había puesto a lamerle la raja irritada y caliente de tanto darle al dedo hasta corrérsele en toda la bocaza.
    
    “Qué hijas de puta”.
    
    Y se me ocurrió que lo mismo su aparición, sus señas, la paja del gordo pollón, no habían sido del todo casualidad, sino que a lo mejor eran marido y mujer y nos habían puesto una especie de ...
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