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Dory visita al Tito Quino
Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ambis, Fuente: TodoRelatos
... calentura que me duró todo el viaje. Cuatro horas dan para mucho... y yo las aproveché bien. Entre alguna lectura ligera y las notas para el relato de Quino y Laura, terminé por montarme medio porno mental. Imaginaba cada detalle: las miradas, los roces, los besos a escondidas. Me ponía a mil. Llevaba una faldita que apenas me rozaba los muslos y, sinceramente, no me costó nada hacerme un hueco entre las piernas para calmarme un poco. Discretamente, sí... pero vaya si me toqué. Cuando llegué a la estación, ahí estaba él. Con su sonrisa de siempre, el pelo un poco despeinado, y esa pinta de macho que no se le quita ni con traje. —Pero bueno, si es la universitaria más guapa del sur —dijo, antes de plantarme dos besos y cogerme la maleta. —Tito Quino… cuánto te echaba de menos. Entonces lo abracé fuerte. Dejé que mis pechos lo rozaran bien, como quien no quiere la cosa, y antes de que pudiera reaccionar le di un beso en la boca. Corto, sí, pero con toda la intención. Lo dejé en shock. Y su pantalón... delataba todo lo que no decía. El coche apenas arrancó y ya estaba subiéndome la falda. Me senté, crucé las piernas con toda la intención del mundo y dejé que mis muslos hablaran por mí. Él entendió rápido: su mano se deslizó sin pudor y yo me derretía solo con el contacto. —¿Y Laura? —pregunté sin pensar demasiado. Ups. Quino retiró la mano al instante, entre apurado y divertido. —En casa. Esperándome. —Perdón, no quería cortarte el rollo —dije, ...
... mordiéndome el labio—. Solo preguntaba por si... nos apetecía parar en algún lugar discreto antes de llegar. —Laura está con la cena ya casi lista. No conviene retrasarnos —dijo, aunque su voz sonaba tensa, como si le costara convencerse a sí mismo. Me incliné, le acaricié el bulto con lentitud y dejé un beso suave en su cuello. —Entonces conduce, pero... que sepas que te estoy reservando para más tarde. No dijo nada, pero la presión en sus pantalones hablaba por él. Seguimos camino, intentando no prender fuego al coche. No recordaba exactamente su casa. Quizás había estado siendo muy niña. Era una casa grande con dos plantas, y un jardín amplio. No tenía mis jardines, pero tenía gran espacio y confort. - Hola querida, tú debes ser la famosa Dory. Qué guapa eres mi niña.- me saludó con gran efusividad Laura, ataviada con un delantal y ropa de sport. - Un placer conocerte al fin Laura. Eres muy amable. Tras quitarse el delantal puso en sobre la mesa baja del salón unos vasos y bebidas. Los tres nos sentamos y tuvimos una primera charla amena. Laura me estuvo preguntando acerca de mis estudios, mis amigas en la ciudad, los planes de la semana. Yo a la vez que respondía también aprovechaba para preguntarle por su estancia aquí, si añoraba Brasil...Quino de cuando en cuando intervenía, con comentarios oportunos, nada fuera de lugar. Su voz era un bálsamo, y el brillo en la mirada de Laura cada vez que él hablaba dejaba claro lo entregada que estaba. Parecía como ...