1. Dory visita al Tito Quino


    Fecha: 10/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ambis, Fuente: TodoRelatos

    ... seguía con sus bombeos.
    
    - Quiero correrme en tu boca. Estoy apunto Dory.
    
    Se sacó el falo, y me dispuse a recibir la carga blanca y viscosa. Se desparramó por toda mi boca, cayendo a borbotones por mi barbilla. A Andrés le dejé alguna vez que lo hiciera, pero lo suyo era un escupitajo en comparación con la gran riada que esparció el tito.
    
    - Voy a necesitar un “manguerazo” para quitarme todo este pringue - le dije medio a carcajadas.
    
    Una vez limpios y aseados nos sentamos en el sofá unos minutos, ambos extasiados, recuperando fuerzas. Por suerte Laura se toma su tiempo para ducharse, y finalmente cuando bajó para cenar nada hacía pensar que allí hubiera habido más que una preparación culinaria.
    
    La cena fue una delicia. Laura había preparado todo con esmero, desde los entrantes hasta el vino, que poco a poco nos fue soltando la lengua y aflojando las costuras del ambiente. Estábamos los tres muy cómodos, casi como una pequeña familia de complicidad improvisada.
    
    Laura estaba radiante. Llevaba un body amarillo con tirantes finos que abrazaba su piel bronceada como si estuviera hecho a medida. El escote, generoso, era difícil de ignorar, incluso para mí. Lo confieso: por primera vez, sentí un calor raro, distinto. No era envidia. Era algo más.
    
    No dejaba de observar sus gestos: cómo se reía con los ojos, cómo movía el cuello para apartarse el pelo. Había algo magnético en ella. Inesperadamente magnético. Y, lo más desconcertante, me gustaba que me ...
    ... gustara.
    
    Quino sacó una botella de licor dulce y unas copas de chupito.
    
    —Por nosotros —dijo, alzando su copa—. Y por nuestra invitada, la preciosa hija de mi mejor amigo. Va por vosotras, bellezones míos.
    
    Chocamos las copas con una risa suave. Laura me rozó el brazo mientras brindábamos, una caricia lenta que ya no podía pasar por accidental.
    
    —Mi niña… qué alegría tenerte aquí —susurró, antes de rodearme con un abrazo cálido. Su pecho se apoyó levemente en el mío. Yo no me aparté. Ni un milímetro.
    
    —Eres la mejor anfitriona que he conocido —le dije bajito, sintiendo la piel erizada por el roce, por el tono, por su perfume.
    
    —Eh, que la casa es mía, ¿eh? —protestó Quino entre risas—. Yo también quiero mi abrazo.
    
    —Anda, no seas celoso —respondió Laura con picardía—. Dory, cariño, ¿te apetece que subamos y te muestro dónde dormirás? Quizá quieras ducharte antes de irte a la cama. Yo te llevo unas toallas.
    
    Asentí, con el corazón ya latiendo más rápido de lo normal.
    
    Y justo cuando me levantaba de la mesa, Laura añadió con una sonrisa suave:
    
    —Mañana desayunamos tú y yo tranquilas. Quino se va temprano a trabajar, y yo no entro a la consulta hasta el mediodía. Así podemos aprovechar.
    
    Fue como una chispa en mitad de una pradera seca. Esa expectativa me encendió aún más que el vino.
    
    La ducha estaba en el baño contiguo a la habitación principal. Laura fue a buscarme unas toallas mientras yo me metía bajo el agua caliente. Me sentía desinhibida, relajada. Todo lo que ...
«12...567...10»