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La sobri. Cap 3
Fecha: 29/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Cjbandolero1, Fuente: TodoRelatos
... no eres mi sobrina. Eres la sobrina de Laura, de mi mujer. Entre tú y yo no hay nada de sangre, nada de familia carnal. ¿Entiendes? No somos parientes, así que no me vengas con cuentos de moral. Esto es entre tú y yo, y no le hacemos daño a nadie. Itziar lo miró, con los ojos entrecerrados, intentando descifrar si hablaba en serio o solo estaba justificándose. Sus palabras eran como un martillo, rompiendo algo que ella no sabía que estaba sosteniendo. No era su sobrina, no de verdad. Pero entonces, ¿por qué seguía sintiendo que esto estaba mal? Tragó saliva, apretando las manos dentro de los bolsillos, y se mordió el labio más fuerte. —¿Y eso te basta? —preguntó, con un hilo de voz que sonó más vulnerable de lo que quería—. ¿Que no haya sangre para que no te sientas como un cerdo? Ricardo se rió, una risa grave que resonó en el banco como un eco. Se acercó un poco más, lo suficiente para que sus rodillas casi se tocaran, y la miró a los ojos con esa intensidad que siempre la desarmaba. —Pues no, Itziar, no siento nada de eso —dijo, con una crudeza que no dejaba espacio para dudas—. Te deseo, punto. Y tú, ¿no tienes remordimientos? porque yo te lo propuse, es cierto, pero no con idea de ser yo realmente —mintió—. Tu eres la que has venido a mi y me parece perfecto poder follarte, pero tu también quieres esto, o si no no estarías aquí. Así que déjate de remordimientos y dime qué quieres hacer, porque yo lo tengo clarísimo. Itziar no respondió. Se levantó del ...
... banco, con las piernas temblando un poco, y se ajustó la sudadera como si quisiera cubrirse de algo más que el frío. Lo miró una última vez, con una mezcla de desafío y miedo, y luego se dio la vuelta. —Te escribiré —dijo, y se alejó por el camino de grava, con el crujido de sus pasos mezclándose con el ruido del parque. Ricardo se quedó en el banco, con el corazón latiéndole en el pecho y una erección que tuvo que disimular ajustándose los vaqueros. Encendió el cigarro que había estado sosteniendo, dio una calada profunda y dejó que el humo saliera lento, como si pudiera llevarse consigo la locura que acababa de pasar. Pero no podía. Itziar había dicho que sí o casi. Y ahora, joder, no había vuelta atrás. La habitación de Itziar era un caos organizado, un reflejo perfecto de cómo se sentía por dentro. Las paredes estaban pintadas de un blanco roto que su madre, Maite, había elegido porque “era elegante”, pero Itziar lo había llenado de vida con fotos pegadas con celofán, un corcho lleno de entradas de conciertos y de fotos con sus amigas y un espejo de cuerpo entero rodeado de luces LED que había comprado en Amazon. La cama estaba deshecha, con sábanas de flores que no pegaban nada con su edad, y una pila de ropa limpia pero sin doblar ocupaba una silla. Olía a su perfume floral, mezclado con el suavizante de la ropa y un toque de esmalte de uñas que se había puesto esa tarde para ir a ver a Ricardo. La ventana estaba entreabierta, dejando entrar el murmullo lejano de ...