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Buscando un voyeur
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Voyerismo Autor: Auster, Fuente: CuentoRelatos
... menos que darle las buenas tardes, como Alicia. Me pregunta si quiero algo de beber, me traerá un vaso de agua, y nos ponemos a charlar, de todo y de nada, del trabajo de un corrector, de la dificultad que tiene el corregir lo que dice el autor sin tratar de mejorarlo, de los cuentos para niños que él escribe… La situación es un poco surrealista, o digamos, simbolista, más en la línea del “Dejeuner sur l’Herbe” que en la línea de un Miró, por ejemplo. En la cama estamos ella y yo, desnudos, ella (la veo aún) con las piernas cruzadas, abiertas, brillante aun de su placer y del mío, como si estuviésemos solos, como habíamos estado tantas veces, pero esta vez hablando con un caballero, sentado en una silla, completamente vestido. Yo por mi parte estoy en plena recuperación, y, aunque desnudo, puedo hablar de cuentos de niños, o de literatura comparada. El por su parte, parece ahora más pendiente de la conversación que de nuestros cuerpos, que había podido ver con mayor detalle e interés hacía poco. Aun así, no está tan distraído como eso, porque cuando una mancha de humedad empieza a formarse en la sábana debajo de ella, va solícito a buscar una toalla para que ella se siente encima. Poco a poco, el erotismo de la situación se abre paso en mí, aunque no llego a darme cuenta hasta que observo que su mirada se fija en un punto, aproximadamente a veinte centímetros debajo de mi ombligo. No me había dado cuenta que estaba volviendo mi deseo, haciéndose acusadoramente ...
... patente al espectador que él era. Ella si se da cuenta, y me roza simplemente el pliegue de la rodilla con su pie desnudo, conocedora de los efectos inmediatos que eso tiene, muda invitación más diáfana que cualquier palabra. Una media sonrisa, y, murmurando unas palabras de excusa hacia el Sr. Corominas, sin vergüenza, sin complejo ninguno ya, me vuelvo a hundir en ella. No hacen falta ahora preliminares, su cuerpo esta tan dispuesto a acogerme inmediatamente, lecho de algas y amor, como el mío a ser acogido, atrapado en su interior en una caricia enternecedora y exteriormente inmóvil. Allí está ella cálida, protectora, amable, amada. No me preocupa la presencia extraña, no existe, es un mueble más de la habitación, no le vamos a enseñar nada que no haya visto ya; esta segunda vez es, digamos, más personal, más íntima, más erótica también y en absoluto pornográfica. Ya no hay posturitas, ya no hay caricias con la mano en el cuerpo del otro, abierto o erguido, según, ya no mas recorridos con los labios por toda la geografía. Ya no es el deseo físico el que guía nuestros movimientos, el que nos esclaviza, somos nosotros los dueños de la cadencia y de la acción, nosotros quienes jugamos con el ritmo y con la melodía, nos podemos quedar quietos, simplemente enlazados, abrazándonos fuerte, nos podemos mover sin miedo a que el deseo nos domine, llevándonos en sus alas. Nos perdemos esta vez completamente en el placer, vuelo inmóvil, movimientos mínimos exacerbados por la ...