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Un plan perfecto para dos gemelas
Fecha: 02/11/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Intercambios Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30
Ana y Marcela, eran dos gemelas adultas que siempre habían sido inseparables. Ana, era una madre soltera que se había casado joven y ahora criaba sola a su hijo de 11 años, Mateo. Había sacrificado mucho: apenas terminó la secundaria, pero en los últimos dos años, había conseguido un trabajo como secretaria en una importante compañía. Realmente, era un golpe de suerte ese trabajo, pues le permitía cubrir todos los gastos del hogar. Ese empleo era su pilar, y lo cuidaba con uñas y dientes. Una tarde agotadora, con prisa por asistir a una reunión de padres en el colegio de Mateo, Ana cometió un error grave: envió un documento para la compra de una materia prima que la empresa no necesitaba. Y se marchó sin darse cuenta. Al día siguiente, su jefe la llamó a su oficina furioso. El aire estaba cargado de tensión; el hombre paseaba de un lado a otro, gesticulando con los papeles en la mano. — ¡Esto es inaceptable! Tu error nos ha obligado a detener la producción toda la semana. Y tú sabes perfectamente, lo difícil que es importar esa materia prima. Ahora tenemos que gestionar devoluciones, es… ¡Es un desastre! Ana sintió un nudo en la garganta, el miedo al despido la paralizaba. Temía que en cualquier momento él pronunciara esas palabras fatales. —Lo siento mucho, señor… Fue un descuido, pero haré lo que sea para arreglarlo. El jefe la miró, aún rojo de ira, y soltó esa frase que Ana tanto temía: —No veo otra salida. Tendré que despedirte. Ana se ...
... levantó de golpe, se arrodilló frente a él, con las manos juntas en posición de súplica y con lágrimas en sus ojos, le dijo: —Por favor, no me despida. No encontraré otro trabajo así. No me importa lo que tenga que hacer… haré lo que sea. Por mi hijo, soy capaz de cualquier cosa, solo pídamelo por favor. El jefe se sorprendió, admirando su desesperación. Y quiso averiguar hasta donde estaba dispuesta a llegar. —¿Lo que sea? ¿Incluso tener relaciones conmigo a cambio de no despedirte? Ana, con voz temblorosa pero decidida, respondió: —Sí… sí es necesario, lo haría. Él parpadeó, atónito; no esperaba que accediera. Pero decidió seguirle el juego. —Bien, entonces pasa mañana por mi oficina. Buscaré un hueco en mi agenda para que me pagues por este error. Ana se levantó, secándose las lágrimas. —Gracias… no lo defraudaré. El día transcurrió con normalidad, y al llegar a casa, Ana encontró a Mateo riendo en la sala con su tía Marcela (su hermana la gemela, había venido a visitarlos). Marcela, era una mujer soltera y sin hijos, y algo que la distinguía, era que se conservaba bien. Pues iba al Gym regularmente, y por eso, tenía una figura tonificada y curvas definidas. Al verlos, Ana olvidó por un momento el drama del trabajo y se unió a la alegría familiar. Más tarde, cuando Mateo se fue a la cama, las hermanas se quedaron platicando en el sofá. Ana, con voz quebrada, le contó todo: el error, la amenaza de despido y la promesa desesperada que había ...