1. La mal cogida


    Fecha: 17/04/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Elgeralex, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... venir, me apartó.
    
    —No. Quiero estar dentro de ti.
    
    Me subió a su regazo. Mis piernas a cada lado de las suyas. El vestido subido hasta la cintura. El hilo apartado. Me senté sobre él, despacio, sintiendo cada centímetro entrar.
    
    —Muy despacio —pedí—. Quiero sentirlo todo.
    
    Empezamos a movernos. La camioneta se mecía. El vidrio se empañaba. Yo puse las manos en el techo para impulsarme. Él mordía mis pechos, mis hombros, mis dedos.
    
    —Dime lo que soy —susurré.
    
    —Mi puta.
    
    —¿Y qué más?
    
    —La mujer más deseable que he conocido.
    
    —¿Y qué vas a hacerme?
    
    —Todo. Te voy a hacer todo.
    
    Me vine otra vez. Luego él. Luego los dos juntos, en un abrazo sudoroso, con la ciudad brillando detrás de los vidrios empañados.
    
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    14. El motel
    
    —Todavía no quiero que termine —dije, cuando mi respiración volvió a la normalidad.
    
    —Entonces vamos a un motel.
    
    Había uno cerca, en la Nápoles. Luces de neón rosa, entrada discreta. Pagó con tarjeta. Nos dieron una habitación con jacuzzi y espejo en el techo.
    
    Al entrar, Santiago me desvistió con calma. Quitó mi vestido, mi hilo, mis zapatos. Me quedé desnuda frente a él, con mis pechos grandes, mi vientre plano, mis piernas firmes.
    
    —Eres perfecta —dijo.
    
    —Tócame.
    
    Me llevó a la cama. Me acostó boca arriba. Besó mis pies, mis tobillos, mis pantorrillas. Subió por mis muslos, mordió la piel sensible de la ingle, me separó los labios con la lengua.
    
    —No sabes cuánto deseaba esto —murmuró, y me lamió.
    
    Su ...
    ... lengua era experta, lenta, profunda. Encontró mi clítoris y lo acarició con paciencia de artesano. Yo retorcía las sábanas, gemía su nombre, me arqueaba.
    
    —No te corras todavía —pidió.
    
    —Es que…
    
    —No todavía.
    
    Subió, me besó, me dio la vuelta. Me puso de rodillas en la cama, de espaldas a él. Entró desde atrás, despacio, mirándonos en el espejo. Vi su cuerpo moreno contra mi piel blanca. Vi sus manos en mis caderas. Vi mis pechos moviéndose con cada embestida.
    
    —Mírate —dijo—. Eres una diosa.
    
    Me miré. Y me creí.
    
    Esa noche hicimos el amor —o follamos, o lo que sea que se hace cuando dos cuerpos se buscan con tanta hambre— hasta que el sol empezó a asomar por la ventana. En el jacuzzi, en la cama, en el sillón, contra la pared. Me hizo venir siete veces. Las conté. Siete.
    
    La séptima fue la más larga. Terminó conmigo encima de él, agotada, llorando de placer, su nombre en mis labios como una oración.
    
    —Quédate conmigo —susurré, ya casi dormida.
    
    —Siempre que quieras —respondió.
    
    Pero sabíamos que no era cierto. Que al otro lado de esa habitación estaba mi casa, mi cama, mi esposo. Que esto era un oasis, no un destino.
    
    Pero esa noche, en ese motel de la Nápoles, con el espejo devolviéndonos la imagen de dos amantes perfectos, decidí no pensar en el después.
    
    Solo en el ahora.
    
    Y el ahora era él.
    
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    15. El regreso
    
    Llegué a mi casa a las siete de la mañana. El sol ya estaba alto. Diego dormía. Me quité los zapatos en la entrada, fui al baño, me ...
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