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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... tenido tiempo suficiente para que su pastilla de sildenafilo, le hiciera efecto. Pero riéndose, se sostuvo la verga con sus dedos y me la clavó. Y ella, esa mujer riéndose, se abalanzó a lamerme, a chuparme allí, en mi cuquita, mientras veía de cerca, en primera fila, cómo me pichaban. Me… Aquella sensación de su lengua paseándose alrededor, me excitó bastante, más de lo que en aquel momento pudiera imaginar, pero también disfruté al ver como Nacho se acomodaba por detrás de ella y… Y creo que sin miramientos se la comenzó a culear. Luego sucedieron más besos, mas caricias, mas entregas y ofrecimientos, de los cuales todos… Todos, los probé. ¡Me arrepentiré por el resto de mis días, contigo alejado de mis brazos, y conmigo, aun profundamente enamorada de ti! —Con sobreactuados ayayais de ligero dolor tras cada embestida, y quejumbrosas suplicas para que no se contuviera, y termináramos los dos al tiempo en un clímax, –real para el magistrado– un tanto fingido para mí, la mentirosa experta, tu mujer infiel, logré que, para él, se terminara la fiesta, una hora y media después de haberla comenzado. —A media noche, concluyó todo, y para Eduardo, eternizar el momento de nuestro triunfo, se le convirtió en una estúpida obsesión. Y mientras los demás, se terminaban de vestir, allí junto a la piscina, nos indujo a ese abrazo que te pareció tan romántico y que, por otra estupidez de mi parte, acabé por besar a José Ignacio delante de Eduardo, precisamente en el momento en el ...
... cual mi ángel guardián, tomaba otra maldita fotografía, falso reflejo de lo que estaba viviendo. Regresé a mi hotel, sola y en taxi, después de dejar al magistrado en el lobby de su hotel, tras rechazar su solicitud de quedarme también esa noche con él. —Al otro día, por la tarde en el aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a Bogotá, coincidí con José Ignacio en la sala de abordaje. Su vuelo estaba por salir, el mío lo haría una hora más tarde. Con cierta vergüenza y timidez, tratamos el tema de la orgiástica fiesta. Me preguntó por mi cliente, con algo de celos en la composición de sus oraciones. Yo le respondí someramente sobre él y sus actividades. Ambos, José Ignacio y yo, teníamos la certeza de haber realizado el negocio de nuestras vidas. Su comisión superaba un poco el monto de la mía, pero eso era lo de menos, pues para mí, lo primordial se había cumplido. Con las utilidades de aquellas ventas, muy seguramente la junta directiva podría tomar la decisión de hacerte finalmente socio o, por el contrario, cancelarte los derechos por tus diseños. —¿Entonces todo terminó así? ¿Tan fácil fue para ti? Te bañaste, te vestiste, y regresaste a mis brazos ese domingo por la tarde… ¿Así como si nada hubiera ocurrido, como si todo formara parte ya de la cotidianidad de tu vida? ¿En serio, Mariana? ¿No te sentiste mal conmigo? Ja, ja, ja, obviamente que no, pues tuviste la grandiosa idea de llamarme el domingo a la hora de las medias nueves, saludar primero que todo a Mateo, y ...