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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... que me convidó José Ignacio. —Luego todo se desmadró. En un descuido observé qué dentro de la piscina, ya desnudos estaban Nacho, su famosa novia y el primo de ésta. Abrazados los tres, besándose entre ellos. Eduardo se mantenía algo apartado, recostado en una silla asoleadora y el magistrado Archbold se llevaba a la boca una pastillita azul, y la pasaba con un trago de esas bebidas cafeinadas. En el salón el gerente de ventas y la mujer que le acompañaba, amacizados bailaban una canción romántica de la finada Celia Cruz. —El olor demasiado intenso a marihuana, agredió mis fosas nasales, y las bocanadas de humo espeso, arañaron mi garganta. Y de mi espectacular vestido magenta y lentejuelas doradas, alquilado en un almacén de Boca Grande, –para esa noche de gala– pasé a quedarme en ropa interior en medio de ellos. Con…, consumí unas rayas de coca y…, a partir de allí tengo recuerdos vagos, pero…, sé qué me perdí. Me perdí del todo. Me olvidé de ti. —¡Pero no corras, que igual te vamos a culear! —Me gritó de manera bastante soez pero efusiva, con su mirada perdida y su caminar embriagado, cuando salió ella de la piscina y con su piel brillante, escurriendo flujos de aguas hacia el suelo, se vino hacia mí, con malas intenciones y yo, caminando de para atrás, fui tomada por los brazos morenos del magistrado, y luego... Reíamos todos por igual, hasta que… ¡Sucedió! —Esa boca suya tan grande se aproximó a la mía, y sus labios rollizos, como ventosas absorbieron de ...
... inmediato los míos, con fuerza y deseo. En un momento dado, –superando las chillonas quejas del acordeón, y el «currambero» ritmo de la guacharaca, un crisol de emociones y gruñidos de placer salieron de otras gargantas. Dos metros más lejanos, dos cuerpos se entrelazaban ya, al borde de la piscina y sus gemidos y quejidos extendidos, expulsados hacia nosotros dos, lograron el cometido de calentarme y le dejé que me desapuntara el broche de mi brassier. Como errantes relámpagos, alumbrando en la oscuridad de mi mente, las imágenes a full color del informe, se apiñan y posteriormente se desenredan, iluminando mi desdicha al confirmar Mariana con aquellas palabras, su última y extravagante entrega, que por supuesto, según sus palabras, lo hacía por mí. —Excitados por la desnudez de tantos cuerpos, embriagados y drogados, se me acercaron varios, y me acariciaron… ¡Demasiadas manos! Entre ellas, las de Grace, la señora de don Octavio, la dichosa novia de José Ignacio. Aledañas mis tetas a sus no tan caídos pechos, y casi arrastrada, besándome el cuello me acercó a una silla playera. Pero no fui yo quien la usó primero. Le ordenó al magistrado que fuera él quien se acomodara primero. Con nerviosismo y menos retador, obediente acató su deseo. De espaldas a él, levanté un pie, y afirmé el otro en el borde de la silla plástica, y luego me senté sobre… Sobre la panza del magistrado Archbold, extendiendo mi espalda sobre su pecho. —Se balanceó bastante, y renegó por no haber ...