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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... solo se le escapa el cálido aliento, sino que intentan surgir de allí, sus «justificadas» razones. —Y fue un infierno como dices. Tuve que someterme a ser su acompañante de cama esa noche y, al otro día, dejar de ser su rubia asesora comercial para convertirme en la amante prepagada que contrató con el fin de exhibir; sí, para pasearme a su lado y fanfarronearle en privado y por videollamada, a sus amigotes de la sala constitucional. Pero al avanzar la tarde, fui… ¡Puff! Otra. ¿O la misma? Me convertí en la peor de las rameras que se pudieran contratar en las esquinas del centro histórico. Eduardo llamó al magistrado para invitarlo en el lounge bar del edificio a una fiesta especial, la que había montado la dichosa novia de José Ignacio, para celebrar que ambos negocios se habían concretado, y con aquellos ingresos, el futuro de tu proyecto pronto se convertiría en realidad, y mi pendiente liberación final, la veía ya muy cerca. —A llegar, la música de una parranda vallenata campeaba por todo el lounge bar, gracias a un grupo musical que lideraba una mujer gordita, pero con bonita voz. No éramos muchos, el gerente de ventas de la costa acompañado por una mujer, el primo de la señora Graciela, José Ignacio, Eduardo, el magistrado y yo. El Dj, bastante joven, acomodaba una consola y sus cachivaches. Yo al verlo pensé de inmediato que era tal vez menor de edad. Y una chica, con el cabello tinturado la mitad de rojo cereza, y la otra de azul glacial, servía los tragos en ...
... el bar y se los alcanzaba a un mesero enjuto y canoso. No había nadie más. Camilo vuelve a sumergirse en las abisales simas de su mente, cavilando en todo lo que acaba de escuchar, jugando con la argolla matrimonial, estirando la cadena dorada, balanceándola ligeramente, hasta volvérsela a acomodar sobre el centro de su pecho. —Bailamos con el magistrado algunos temas, –continúo relatándole– bebí algunos cocteles, y en un momento dado, cuando el Dj cambió de música por algo más moderno, Nacho me invitó a bailar, y eso pareció disgustarle al comprador del local, pero fue calmado por la contagiosa risa de Graciela, y el ofrecimiento en una bandeja cromada, de una montañita de polvo blanco, y una delgada hoja de afeitar. Justo al lado, en una mesita baja, varias latas de bebidas energizantes y…, varias tiras de preservativos. Hablamos, por supuesto que lo hicimos mientras bailábamos, sobre nuestro sorpresivo encuentro allí en Cartagena, los motivos de cada uno, y obviamente, lo extraño de viajar sin que Eduardo nos hubiera puesto al corriente. —Y allí, sin echarle la culpa al alcohol, aunque en algo aportó, al poco rato comprendí mi lugar en aquella función. José Ignacio se trababa con krippy junto a esa mujer y el comprador del local, mientras Eduardo esnifaba cocaína junto al magistrado, y yo pasé de las copas flautas, colmadas con champagne Dom Perignon, al aguardiente antioqueño que bebía el primo de la Grace, y de mis cigarrillos blancos a un cacho de marihuana, al ...