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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... luego sí, comentarme, –completamente dichosa– tu exitosa negociación, sin aquellos pelos ni las otras señales, solicitándome eso sí, que el bobito te fuera a recoger al aeropuerto, dándome el número de tu vuelo y la hora aproximada de tu llegada, para posteriormente salir a comer crepes y waffles en el centro comercial, y así celebrar en familia tu nuevo triunfo. ¡Wow! Qué cachaza la tuya, en serio. Camilo está enojadísimo, con justa razón, más sin una total comprensión, resopla y quiere intervenir, para recriminarme o para maldecirme, más no lo dejo y decido implorarle por una nueva tregua. —Espera, cielo. Aún no termino. Déjame hablar y escúchame con calma. —Y obediente, decide sentarse en la silla, para con los brazos cruzados, darme los minutos necesarios para terminar de explicarme. —Pues ni tan sencillo fue actuar frente a ti como si nada malo ni terrible hubiera sucedido en Cartagena. Aquella noche encerrada en el baño de nuestra habitación, me desnudé con ganas de darme una buena ducha con agua caliente. Te escuché. ¡Claro que te escuché! Golpeaste con los nudillos la puerta que nunca habíamos cerrado, y por eso me preguntaste angustiado… «¿Estas bien? ¿Qué tienes? ¿Te sientes enferma, mi amor?». Siempre tan amoroso conmigo, tan preocupado y pendiente por mí. —Y con el agua cayendo sobre mi cabeza, deslizándose por mi espalda, no te respondí, ni lo intenté. No podía hablarte, pues lloraba como una plañidera. ¡Esa es la verdad, cielo! Pues en mis oídos, ...
... solo escuchaba los ecos de aquellas voces, de sus gemidos, de los sonidos de ultratumba y sus risas depravadas. Rememoraba las imágenes de todas esas manos, estrujándome los senos, o reptando por mis costillas, además de esas bocas absorbiéndome las tetas, babeándome las areolas, mientras dedos y lenguas se turnaban para lamer mi sexo, perseverando incontables minutos para encenderme sexualmente. No quería ser consciente de cómo me entregaba así, de esa manera, pero si sentí placer y eso me revolvió las tripas y bastante más, mi alterada conciencia. —¡Asco y repulsión! De mí, de él, de todos ellos. Ni siquiera las palmadas en mis nalgas hasta enrojecérmelas, por parte del magistrado, o las groseras palabras con las que se refería a ciertas partes de mi cuerpo, lograron motivarme a llegar a un buen orgasmo. Su cuerpo sobre mí, tan pesado hasta sentir que me asfixiaba, oprimiendo con su barrigota mi vientre y mi deseo de respirar… Me torturaba y al verlo retorcer con sus callosas manos, mis tetas y de paso sin saberlo, mis entrañas, vi en sus gestos de placer y en el brillo de sus morbosas miradas, el reflejo de mi propio infierno. —En esos momentos de soledad, –en los que creí que no estabas cerca para evaluarme con esa mirada tuya, tan penetrante– tan solo pensaba en buscar una manera de alejarme de Eduardo. Me encontraba ansiosa por bloquearlo y alejarlo de nuestras vidas… Sin que llegaras a sospechar la causa y descubrir las verdaderas razones… Quería hasta matarlo. ¡A ...