1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)


    Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... sus burlas hacia mis tetas o mi vestuario, me mantuviese atada a la silla en mi escritorio. Si lograba someterlos a mis caprichos, estaba segura de que nadie más en la vida tendría el poder de dominarme y hacerme sentir mal, salvo tú, con esa estricta rectitud. Si lo conseguía con esos dos, podría hacer con los demás lo que se me antojara. Y eso mi vida, solo me concernía a mí.
    
    —No busqué placer en mi estúpida travesía, pues contigo ya lo tenía y multiplicado hasta el infinito, por tu esmerado esfuerzo en ser un buen esposo y padre, un excelente amante, más el desinteresado amor que habitaba siempre en tu mirada, cada vez que lo hacíamos. Pero durante el trayecto, no te puedo negar que lo obtuve en contadas ocasiones. Ni siquiera fue lo mismo con… Con ella. Similar en las formas, pero diferente en su esencia. No sé si puedas comprenderme sin estar metido entre mis fibras. Es que con esas otras personas llegaba siempre prevenida, con los ojos bien abiertos y mis sentidos bien despiertos. A tu lado no. Podía caminar en medio de la oscuridad y dentro de ella, incluso hacerlo con los ojos cerrados. Confianza para mí, es sinónimo de amor y mi amor eres tú, vida mía.
    
    —Nunca dejé de ser tu dama, a pesar de reconocerme frente a los espejos de lugares tan distantes como ajenos a los de mi hogar, como una vil puta, y que aquellos con los que negociaba sellando tratos con mi labia y abriéndome de piernas bajo distintas sabanas, me vieran como a una asesora comercial, patisuelta ...
    ... e interesada, o que también transmitiera la imagen de una puta fina, para sellar un buen trato.
    
    —Todos ellos, más unos cuantos enamorados de mí, por las redes sociales, perdían conmigo la batalla de la conquista, por más que se esforzaran. Ni con obsequios o flores, palabras bonitas o promesas de viajes a lugares paradisiacos, ninguno podía vencer la consistencia del amor que sentía por ti y por mi hijo, por mi hogar y permanecer dentro de nuestro tablero, sintiéndome tu dama. Yo decidía finalmente que entregar y cuando, hasta donde permitir y que pedir a cambio. Aunque fuera ese hijueputa de Eduardo, el que al comienzo me ofreciera como colorido empaque de un regalo.
    
    —En la cama, en un sillón o tirada sobre una mullida alfombra, yo seguía sintiéndome una dama y de hecho fui tratada como tal. Tantas palabras bonitas, dichas por otras bocas, intentaban seducirme sin descanso, pero las dichas por ti a mi oído, lograban mantenerme conquistada sin tanto esfuerzo, y con tus múltiples demostraciones de respeto y de cariño, hacia mi pequeño y otras solo para mí, me hacían sentir completamente tuya, e inmensamente feliz de compartir mis días a tu lado.
    
    —¿Qué me pasó? ¿Por qué insistí en torcer mi destino, si era tan bonito? Yo no lo sé en realidad. «¡Mucho dulce empalaga, y una pizca de sal, da sabor a la vida!». —Me dijo una tarde Fadia, mientras me ayudaba a maquillarme para cumplir con otra cita de negocios. No comprendo todavía por qué al empezar no me detuve. Porque ...
«12...121314...24»