-
Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... motivo decidí avanzar, sin apenas rechistar. O tal vez, puede que me faltara algo y me sobraran tus mimos y tu protección, pues así, andando sola, aprendí a vivirme plena, con ofensas, por heridas y con burlas, por golpes a mi autoestima. —Experimenté como sentirme bella y deseada, con cada pasó que daba fuera de mi casa, y atraer con la perversión inscrita en una mirada, la aceptación para firmar un contrato, y a dominar con un simple cruce de piernas o un pícaro aleteo de mis pestañas, el regateo de los clientes que se hacían los difíciles. Nada atrae más a un hombre, o a una mujer, que aparentar inocencia, pero mezclada con un toque de lujuria, en un abrir y cerrar de ojos o de piernas, convertir un posible no, en una sumisa afirmación. —Eres un amor de hombre, y tan esmerado en tus cuidados para Mateo y para mí, como no creo hallar nunca jamás en otra persona. Agradezco tu esfuerzo, tu valor y la paciencia por escucharme. Noto claramente que tu intención inicialmente era la de otorgarme tu perdón, pero comprendo que con todo esto que has escuchado y que ha salido honestamente por mi boca, no lo conseguiré y tendré que regresarme a Bogotá, sola, e incumpliéndole la promesa a nuestro hijo. Ahora, Camilo, solo espero que me digas tu frase favorita: ¡Lo que no sirve, que no estorbe! —¿Has terminado? —Y Mariana, se acomoda de medio lado, en la esquina izquierda de la cama, asintiendo con la cabeza. —Bien sabes lo que pienso sobre eso. Nada se acaba, no se termina ...
... y, por el contrario, continua el ciclo. Obviamente, no volveremos a lo mismo, a sentir igual, a vivir de manera similar. Habíamos hablado desde el comienzo de nuestro noviazgo, y repetido poco antes de nuestra boda, que si llegado el momento, entre los dos surgiera un delicado conflicto, una discusión aparentemente insalvable, hablaríamos primero, escucharíamos con atención y luego de admitir nuestras fallas, –dándole la justa razón al otro– terminaríamos por darnos un tierno beso y un amoroso abrazo, pues jamás las discusiones serían más importantes que el amor que nos profesábamos. —Por todo lo que has relatado, no estoy seguro de si fuiste consciente de lo que en verdad añorabas. Tenías en tu interior, y tal vez aún permanezca incrustado en tu psiquis, las ganas de sentirte dominante con tus amantes y sometida ante mí para equilibrar tu balance. A mi modo de ver, disfrazaste esa fantasía con una lucha de poderes y de géneros. La mujer equilibrada y tolerante, enfrentada a la insensatez del hombre. Y a pesar de que llevabas a mi lado una vida satisfactoria, muy en lo profundo de tu ser, añorabas vivir de manera más aventurera y desquiciada. —Lo sé, Camilo, lo sé. Me esmeré en mejorar mis talentos, cuidar mi físico y adornarlo en cada encuentro con algo diferente, no solo con la ropa o los peinados, sino con nuevas técnicas sexuales y ofreciéndome como una agradable dama de compañía, no tanto por el dinero de las comisiones, también por mi deseo de ser reconocida como ...