1. Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)


    Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... paredes, podrías agregarle un poco del calor de… ¡Tu intimidad y tu agradable compañía! Si te interesa cerrar el trato, al precio original que pactaste conmigo en Bogotá, sin descuentos ni más objeciones, y con la anuencia de tu jefe, obviamente me encantaría que esta noche, para celebrar, me acompañes a una cena aburridora, junto a unos miembros de la corte, y luego sí, tomarnos alguito por ahí en una discoteca, la que más te apetezca, y luego me dejes disfrutar de ese cuerpazo tuyo en la habitación de mi hotel. —Y así, cielo, este cuerpo de nuevo estuvo en oferta, pues mi nueva apariencia, blanca, rubia y tetona, como le gustaban las mujeres al magistrado, desató la lujuria en él, y su pose de digno representante de las leyes, claudicó ante la solución sexual que Eduardo le esgrimió cuando hablaron a solas.
    
    Lo dulce de su pequeño obsequio, que no mastico, sino que lo dejo deshacerse sobre mi lengua, y bajo el paladar, me sabe amargo ahora, tras escuchar, como se entregó de nuevo a un tipo viejo y desconocido.
    
    —La piel ajada de su mano diestra, me raspó el mentón con el dorso, y se inclinó para besarme en los labios con delicadeza, sellando el trato, pues no me opuse. No esquivé sus rechonchos labios, ya que, pensando en el futuro y en ti, mentalmente me juré que sería la última vez que participaría en lo que tanto me atormentaba. —Y en la zurda de Camilo, extendida y cóncava, la frente por completo recala sudada en su palma, y tan solo alcanzo a escuchar su… ...
    ... ¡Jueputa vida!, por reclamo.
    
    —En la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos, sentados frente a una mesa redonda después de desayunar, se firmó el contrato de compra venta, y sentencié de paso mi obligación de servirle de blasón, adornando su corpulencia con mi nueva fisonomía, y al mismo tiempo, iluminando su sombra con mi fingida sonrisa.
    
    Conmocionado, Camilo se deja caer en el sillón y con una sola mano sobre su cabeza, quizás con su imaginación, esté trazando mi recorrido, y por ello, se revuelca desesperado la melena, intentando comprender mi prostitución.
    
    —Ese viernes por la tarde paseé con él, enganchada a su brazo por las calles aledañas, a las plazas de La Independencia y de Los Coches, incluso lo hicimos como una pareja de amantes, dispareja en edades y en el color de las pieles, por la ciudad amurallada. Y en la noche tuvimos una cena con algunos colegas suyos y sus acompañantes femeninas, todas, al igual que yo, alquiladas. Salimos a bailar por Getsemaní, primero en una y al rato visitamos otra, y después de unas copas, manifestó que estaba cansado y me fui con él a su hotel.
    
    —Me prostituí nuevamente, aunque al arrendarle mi cuerpo para conseguir esa venta, lo hiciera con el firme propósito que me había marcado como objetivo, para que, a la postre, tus sueños y los míos, se hicieran realidad. Sí Camilo. Me acosté con ese viejo, obligada externamente, pero interiormente, motivada por qué a la larga, ambos seriamos felices, aunque yo lo padeciera. Sí, mi ...
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