-
Infiel por mi culpa. Puta por obligación (41)
Fecha: 11/05/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... vida. Lo sufrí, aunque no te lo parezca. ¡Por vez primera, pasé la noche con un hombre, distinto a ti! Camilo decide ponerse en pie y sus pasos, –con el peso de mis malandanzas lastrándole cada pie– lo encaminan hacia el balcón. De la mesita redonda toma con furia la botella de tequila, y bebe de un solo sorbo, lo poco que en ella quedaba. Me mira, bufa como un toro de lidia, y se me acerca. Con sus labios ya no tan resecos, pero sí, con sus ojos marrones, enormemente redondos y brillantes, como echando chispas, enrabietado aprieta el puño, levanta su brazo diestro y lo blande en el aire, en frente de mi cara. Aprieta sus mandíbulas y… Se contiene. Más, sin embargo, me demuestra con este gesto, todo su rencor y la decepción, ante mí severa pero necesaria honestidad. —¿Qué es lo que te acabo de escuchar? Pasaste toda la noche con ese vejestorio embaucador… ¿Por mi culpa? ¡Maldita embustera! —Mariana se asusta ante mi inusitado rencor, adornado con mis palabras vociferadas, y tras la equis de sus brazos por escudo, frente a su rostro, creyendo que la voy a lastimar, entre lloros me termina por decir… —¡Te llamé! Que…, quería hablar contigo. Necesitaba escuchar tu voz, para…, me urgía encontrar en tus palabras, la conveniente fortaleza para…, para afrontar la perfidia de mis acciones, pero no tenías señal o lo mantenías apagado. Tres veces o más, marqué a tu número, y como no respondiste, hablé con Naty, pues Iryna tampoco me aceptaba las llamadas. Estabas enfermo, ...
... constipado y con escalofríos. —¡Nada grave, Meli! –Me comentó Naty, aliviando un poco mi preocupación. – Ya sabes cómo son de consentidos los hombres, y más él. Estará bien, bajo el cuidado de mi madre. Y por Mateo no te preocupes, pues junto a la nana, lo llevaremos al parque en un rato. ¡Pásala rico y envíame muchas fotos! —Tres noches y dos días perdida de ti, más cuando podía, averiguaba por tu salud, con Iryna o con Naty, y de paso escuchaba a nuestro hijo, relatarme sus aventuras, pues hacía camping en la sala de nuestra casa, acompañado por sus peluches y las historias de miedo que Naty le contaba mientras comían papas fritas, palomitas de maíz, salchichas fritas con queso, y la prohibida gaseosa antes de dormir. —Lo que quieres decir, obviamente, es que por conseguir que la constructora recuperara algo de lo que invirtió, para que yo pudiera avanzar con mi proyecto, ¿te tuviste que revolcar con ese viejo «cacreco», allá en Cartagena? Qué ese polvo que te echaste con ese vejestorio, ¿lo hiciste para favorecerme? ¿Al final quieres descargar sobre mis hombros, el peso de tu absurda decisión? ¡Por Dios, Mariana! ¿En cuál cabeza cabe semejante idea tan estúpida? ¡Mierda! Ese cuento no se lo cree nadie más que tú. —¡Nooo! No. Claro que no. Pero sí te hubiera puesto al tanto de la situación, si yo te hubiese preguntado antes de… Comprometerme… Honestamente, Camilo… Respóndeme algo. Estando tú en mi lugar, y estoy segura de ello, tú, mi amor, –sin pensártelo dos ...