1. La Isla Evanescente 26


    Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... sencillo vestido de lino blanco que se ajustaba a sus curvas, levantó los brazos mientras salmodiaba algo.
    
    Inmediatamente un chorro de fuego salió en dirección al grupo. El druida levantó el bastón y el chorro de energía chocó contra un invisible escudo.
    
    —¡Vamos, no te quedes mirando! ¡No se cuanto aguantaremos! —le apremió el druida mientras Sokolob rechazaba a los guerreros que intentaban alcanzar a Kelmahir con una tormenta de bolas de fuego, no muy precisas, pero intimidantes.
    
    La hechicera gritó algo más y el chorro de energía se intensificó. Lórax se concentró y comenzó el hechizo. Transportar un grupo de personas no era tan sencillo, necesitaba un poco de tiempo para que los transportados llegasen de una pieza al barco y era cierto lo que le había dicho Baracca, no era lo mismo conjurar con tranquilidad que en medio de una batalla con los gritos de miedo y furia haciéndole consciente de que de aquella situación era de vida o muerte.
    
    Al fin los hombres de la reina se abrieron paso; uno de ellos hundió su alfanje en el pecho de Enguiba mientras que otro lanzaba un cuchillo que se clavaba en el cuello de Sokolob. Solo Baracca y dos de sus hombres quedaban en pie. El bastón del druida era un arma potente, pero no podía detener a la hechicera y evitar un sablazo a la vez. Recitó los últimos versos mientras veía por el rabillo del ojo como algunas de las bolas de fuego de Sokolob, desviadas por la hechicera habían salído despedidas y prendían fuego en ...
    ... distintas estanterías.
    
    Justo en el momento en que pronunciaba la última palabra se dio cuenta de su error. Sus compañeros desaparecieron en un instante, pero concentrado en sacar a todo el mundo de allí, se había olvidado de si mismo. La hechicera cortó el conjuro y con una sonrisa y cogiendo una espada de manos de uno de sus hombres, se acercó con un gesto asesino.
    
    —Me has dado muchos proble... —las palabras se congelaron en su boca y la hechicera dejó caer la espada— Atadlo y amordazadlo. Se limitó a decir mientras desviaba la mirada turbada.
    
    Zananda
    
    El rostro del joven la golpeó como un mazo. No era posible. Su cerebro intentaba negarlo aunque las evidencias se imponían. Ahora se explicaba aquella energía mágica. Aquel joven era la viva imagen de Delwar. Aquellos ojos grandes y marrones, la misma nariz fina y un poco torcida... Su cuerpo, más menudo y esbelto y su tez morena, le recordaban más a ella misma...
    
    El humo y los gritos de frustración de los hombres al ver a desaparecer a sus enemigos, la devolvieron a la realidad. Ordenó maniatar a su hijo y luego, sorteando las manchas de sangre y los cuerpos de seis de sus hombres, echó un vistazo a su alrededor. El fuego se estaba extendiendo hacia los pisos superiores de la biblioteca. Era una contrariedad, pero los libros eran un objetivo secundario. Había venido por los artefactos más preciados y sabía que estaban tras aquellas puertas.
    
    Mientras sus hombres empaquetaban al chico, ella se acercó a las puertas. ...
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