1. La Isla Evanescente 26


    Fecha: 29/06/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... aquella gente, pero la necesitaba. Necesitaba su nuevo feudo. Los rumores decían que la reina hechicera avanzaba a toda velocidad en dirección a la capital de Irlam. Si conseguía capturarla con su flota intacta, sus días de piratería habrían acabado y aun por encima, la expedición había resultado un fracaso. Esperaba volver cargada de tesoros, pero había vuelto con un montón de libros y pergaminos que no le servían de nada y que probablemente le arrebatarían sin ninguna compensación y aquella extraña joya que había logrado escaquear, impresionante, pero dudaba que valiese el rescate de un rey.
    
    Afortunadamente en medio de aquel soporífero lugar, había una isla de alegría y emoción, de bebidas y canciones. El Calor en El Hielo, era la única posada decente en la capital. Era cara, la comida no era nada del otro mundo y las habitaciones eran pequeñas y no demasiado limpias, pero el ambiente era de lo mejor. Narva, la posadera, sabía lo que hacía, había contratado al mejor bardo que había visto nunca. Un tipo delgado de aspecto taciturno, pero con una voz de tenor impresionante y un repertorio de historias increíble. Llevaba casi veinte días allí y el bardo aun no había repetido historia.
    
    Los eskimmerios podían ser adustos y tacaños en general, pero no todo estaba perdido y lo mejor de la ciudad estaba allí reunido. Así que Baracca tenía para elegir y tampoco había repetido ningún día; rubios, morenos, altos, bajos, funcionarios con sus modales remilgados, soldados ...
    ... bruscos a los que debía domar, camareras regordetas y complacientes, artistas que se creían el ombligo del mundo, timadores, no muy buenos amantes, pero ocurrentes y divertidos...
    
    Aquella tarde había elegido a un cantero. No sabía muy bien por qué, quizás fuese por su aspecto robusto, su rostro sincero con aquellas cejas gruesas y oscuras y aquella actitud de estar un poco fuera de lugar. Habló con él un rato y la forma de que hablaba de su trabajo, de la dificultad de labrar la piedra, de hacer que cada sillar encajase en su sitio y de la satisfacción de erigir magníficos edificios y palacios para sus gobernantes la interesó y le dio ganas de saber más..
    
    Sin darle tiempo a recordar si tenía una mujer esperando en casa, tiró de él y se lo llevó escaleras arriba en dirección a su habitación. El hombre perdió toda su timidez cuando la vio desnuda. No preguntó por la cicatriz, así como ella no le preguntó sobre los dos dedos machacados y la pierna derecha torcida. Baracca se dejó acorralar contra un armario y se dejó acariciar. Aquellas manos ásperas y callosas la acariciaban con tanta suavidad, que todo el vello del cuerpo se le erizó. Sin esperar más se colgó del cuello del hombre y lo besó. Sabía al fuerte licor de la zona.
    
    Kellar, que así se llamaba el hombre, la levantó en el aire como si fuese una pluma y la colocó sobre el armario, separando sus piernas y zambulléndose entre ellas. La lengua del maestro cantero acarició su sexo sin piedad, haciendo que su vagina se ...
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