1. Mi hermana siempre estuvo más buena que yo


    Fecha: 27/08/2025, Categorías: Infidelidad Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos

    ... control. Me iba a preguntar qué pensaría Hugo de semejante grito de Tarzán cuando…
    
    Entonces pasó.
    
    Aquel chorrazo de semen trazó una parábola perfecta y me saltó en toda la cara. El puto geiser de los cojones, nunca mejor dicho, me puso perdida mientras el muy cabronazo gritaba:
    
    –¡Más, más, más!
    
    Y Sara seguía, la muy cabrona. Sin importarle que estaba poniendo perdida a su hermana del alma, a mí, que siempre estaba a su lado. Para joderla, pero siempre pegada ella. Como si no pudiese más que obedecer los bajos instintos de aquel petimetre. Cuando acabó se me quedó mirando con cara de espanto:
    
    –Perdón, Clara, perdón… Yo, yo… no me he dado cuenta…
    
    –No sé cómo ha podido pasar tía– musitó Guille con los ojos bajos, avergonzados.
    
    Tenía semen en las gafas, en el pelo, en las cejas, en una mejilla, en los labios, por todo el vestido. Era un semen feroz, pegajoso, caliente… de no haber sido tan orgullosa me hubiese echado a llorar. Pasé de sentirme lista a sentirme sucia medio segundo. Y Sara ni se había manchado la mano. Era la historia de siempre de las hermanas Macis.
    
    Intenté decir algo pero sólo logré balbucir avergonzada. Me levanté. Y mientras salía corriendo y aguantando el llanto y la rabia todavía pude oír a Guille sugerir:
    
    –Tía Sara, recuerda que el doctor dijo que mañana tocaba otra dosis.
    
    4. Visita a domicilio
    
    Tres días después mi hermana Sara estaba como siempre pero algo preocupada. Había estado todas las jornada aplicando el ...
    ... tratamiento a Guille, mientras Hugo se refugiaba en su trabajo. Así que cada tarde a la hora de la siesta le caía a mi sobrino un pajote que lo dejaba sin aliento, a veces hasta de 20 minutos. Un par de veces dejé la puerta entreabierta y aunque no se le se veía al rostro al afortunado Guille, sí que puede grabar con el móvil a mi odiosísima hermana dándole al tremendo garrote como si le fuera la vida en ello. Mi venganza estaba en marcha.
    
    Como seguía preocupada con lo suyo, la exigencia perentoria de Hugo de que su mujer se cortase la leche de una vez, volvió a llamar al médico. El doctor llegó a eso de la cuatro de la tarde. Hacía un calor terrible. Para estupor de Sara, no se presentó Ferrandis sino de nuevo Mario Lorenzo, que al parecer también le sustituía en las visitas a domicilio. Mi sorpresa fue que la visita de Sara resultó sorprendentemente breve. El tiempo justo de firmar la receta, luego se plantó ante mí que estaba en una sala anexa.
    
    Yo llevaba una rebeca verde muy desabotonada bajo la cual destacaban mis senos. Todo combinado con una falda ceñidísima hasta medio muslo, de cuadritos blancos y verdes y una sandalias de tacón alto haciendo juego con la falda. Yo no estaba muy cómoda porque me pareció ver a Guillermo espiando por la rejilla entreabierta de la puerta. En eso se había convertido aquella casa: un nido de espías en Alpha-Plage, todos nos acechábamos a todos en una espiral sin fin.
    
    –Tu hermana me ha pedido que te eche un ojo, que tienes el pecho ...
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