1. Mi hermana siempre estuvo más buena que yo


    Fecha: 27/08/2025, Categorías: Infidelidad Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos

    ... golpeando mis carrillos por dentro. Poseído por la tensión sexual que yo misma había desatado de manera involuntaria, aquello se me hacía ingobernable. Si retrocedía un poco, él mismo me sujetaba la cabeza con fuerza y me transformaba, dejaba de ser su casta esposa para convertirme en una muñeca tragasables.
    
    –¡Pues aquí está tu marido! ¡Para mortificarte por tu golfería, Sara! ¡Tu castigo será mi recompensa!
    
    Noté que estaba a punto de eyacular y pensé que en breve podría darle una explicación y aclarar el equívoco. Pero aquel Hugo que me mostraba ahora una cara del todo desconocida exigía que aquella fuese la madrugada más caliente de su vida y no pensaba dejarme tranquila tan pronto.
    
    –No, no… A ver qué te has creído.
    
    Y como entró, salió de mi boca de un golpe seco. Hugo manejaba aquel miembro como una director de orquesta su batuta. Tomé aire para decir algo… Sabía que mi voz para nada se parecía a la de Sara.
    
    –-No, no, no, no… querida. ¿No te gusta pajear a desconocidos? Pues eso vas a hacer conmigo –era increíble lo que lograba la inteligencia artificial cuando fallaba la natural. Desconocido, decía… ya le hubiese gustado.
    
    Con un vigor inusitado Hugo permanecía sentado sobre mi abdomen. A pesar de su delgadez el cuerpo era fuerte, fibroso y me tenía casi inmovilizada, con las rodillas apretándome los costados. No es que no pudiera zafarme. Es que casi no podía moverme. Iba por fin a decir algo cuando me metió el pulgar y el índice en la boca… Para que los ...
    ... chupase, creo.
    
    –Umpfffff… agggh… no….. ummmppfff.
    
    Así que con la mano izquierda volvió a cegar mi mejor baza para salir de aquella incómoda situación. Pero Hugo era diestro y con la derecha echó el brazo hacia atrás y tanteó mi sexo. En un visto y no visto tenía dentro dos dedos, tres, horadando mi intimidad, buscando mis zonas más sensibles, sacudiendo mi cuerpo de puro gusto… Sorprendida me dejé hacer. El puto Hugo era el jodido inspector Gadget de los polvos salvajes. ¡Qué capacidad para abarcar puntos calientes! Si me quedaba algo de voluntad ahí pereció para siempre, retozando en solaz abandono.
    
    –¡Que me hagas una paja, joder! ¿No le irás a negar a tu marido lo que le corresponde por derecho matrimonial y que tan alegre le ofreces a cualquiera?
    
    Era teatro, pero teatro del bueno. El único problema es que yo no era mi hermana. Era mucho más zorra que ella y más zorra de lo que él estaba diciendo en aquella representación sólo pensada para enardecer años de decadente matrimonio. Resultaba evidente que se estaba quedando corto. Era tan reputísima que me estaba follando a mi cuñado.
    
    Sus dedos pararon a un milímetro de mi clítoris. Sabía cómo presionarme en mis puntos más débiles.
    
    A regañadientes, urgida por su parón y deseosa de que recuperase el ritmillo, le cogí el rabo inhiesto con las dos manos.
    
    –No, así no. Con las tetas –exigió Hugo, exprimiendo al máximo el débito conyugal.
    
    Tenía que haberlo supuesto. Después de todo tenía aquel pedazo de polla ...