Mi hermana siempre estuvo más buena que yo
Fecha: 27/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos
... Claudio. Tenía unos pechos enormes, y el pobre Guillermo tuvo que cabecear para buscar el aire entre ellos. Eran desmesurados, duros y parecían a punto de atravesar la camisa blanca y finísima. No llevaba sujetador ni falta que le hacía, porque a pesar de la enormidad parecían aguantarse solos, como si estuviesen tensados por un cable invisible.
Le acompañó hasta el que iba a ser su cuarto durante aquel fin de semana. Y desde luego su tía Sara no era sólo un par de buenas tetas. Tenía cintura, una cabellera negra y espesa, tenía un par de piernas que quitaban la respiración enfundadas en aquel tejano tan ajustado y su culo... un culo que no paraba quieto. Camino de la habitación, inclinándose al ayudarle a deshacer la maleta, cuando aparecía que aquellos jeans estarían a punto de estallar...
–Tío Hugo no está. Está jugando al pádel –ese deporte para que los malos jugadores de tenis pudieran pensar que algo similar se les daba bien, pensé yo–. No volverá hasta después de la cena, así que me vendrá muy bien que nos hagas compañía.
Claudio se portaba muy bien. Pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y jugando a la consola. Los trabajos del enorme chalet los hacía una criada vieja y sorda, que no se enteraba de nada. Y¡ Sara era tan afectuosa! La verdad es que trataba al pobre Guille como si todavía fuera un niño. Cuando él salió de la piscina ella insistió en secarle, para que no cogiera frío y al pobre Guillermo se le puso tan dura que tuvo que volver al agua de un ...
... chapuzón.
Especialmente intenso fue el final de la tarde. Sara fue a darle el pecho a la criatura. Guillermo se levantó para salir
–No, hombre, puedes quedarte. ¡Mira que eres tímido! ¡Soy tu tía!
Ella parecía divertida con el supuesto candor de Guillermo. El sobrino se esforzó por mantener la vista fija en el tebeo de Mortadelo y Filemón que estaba leyendo. Pero era imposible. Su tía se había puesto un vestido verde que se desabrochaba por delante y que tenía una falda negra semitransparente que mostraba sus piernas largas y macizas, enfundadas en medias negras y calzadas en zapatos de finísimo tacón de aguja color hueso. Hacía mucho que había convencido a Sara que la ropa de estar por casa era una vulgaridad, sobre todo si había invitados y mi hermana lo aplicaba a pie juntillas para alegría de cualquier visita masculina, a pesar del desagrado que a menudo revelaba el rostro de sus parejas.
Sara fue desabrochando el vestido y entonces Guillermo pudo ver los dos pechos enormes, turgentes, morenos, con dos pezones grandísimos a rebosar. El niño apenas mamó un poco. Luego ella suspiró, se volvió a abrochar. Y Guillermo puso el tebeo sobre su entrepierna para disimular lo obvio. Yo hacía ver que veía la tele tendida desde un canapé pero no me perdía detalle de aquella opereta.
Por la noche. La criada y el niño ya estaban durmiendo y ellos dos se había quedado viendo la televisión, una vieja película en blanco y negro de Preston Sturges. A su lado había una mesita ...