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Unos vecinos influencers 7. LA CENA
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... tono entre burlón y lastimero—. Siempre que quedamos o vas en chándal o vas… así. Y ahí estaba. Esa confianza que no entendía. Esa manera en que Teddy podía hablarle así, con esa crudeza, y en lugar de enfadarse, Clara sonreía. —¿Así cómo, Teddy? —preguntó, arqueando una ceja, pero había un brillo en sus ojos que no era enfado. Era… diversión. Teddy se acercó más, lo suficiente para que el calor de su cuerpo la rozara. —Como si no quisieras que te mirara —susurró, tan bajo que casi no lo oí. Pero lo suficiente para que un escalofrío me recorriera la espalda. Clara rio, suave, y le dio una palmada en el hombro como si fuera un niño travieso. —Pues mira para otro lado, Teddy —respondió, pero su voz no tenía reproche. —Vamos, que llegamos tarde —dijo Lucy, arrastrándolo hacia la puerta. Pero Teddy no me quitaba los ojos de encima. —Vamos al restaurante, banquero —dijo, con esa sonrisa que prometía demasiado—. Y no olvides nuestro trato. El wasabi. La copa. La foto. Clara me miró, confundida. —¿Qué trato? —Nada —respondí, demasiado rápido—. Solo cosas de hombres. Ella arqueó una ceja, pero no insistió. El aire de la noche era fresco, cargado con el olor a jazmín de los jardines del vecindario. Teddy, siempre el anfitrión, había decidido que iríamos en su coche. —Sube, banquero —dijo, lanzándome las llaves con un gesto desafiante—. Conduces tú. Clara me miró, sorprendida. —¿No vamos todos? —preguntó, mirando ...
... alternativamente a Lucy y a Teddy. Teddy sonrió, lento, malicioso. —Claro que sí. Pero quiero ver cómo maneja tu marido algo más que números. Lucy se rió, subiéndose al asiento del copiloto sin esperar. —Yo me quedo aquí —dijo, ajustándose el escote con un movimiento que sabía exactamente lo que hacía—. Así no me arrugo el vestido atrás. Clara, sin opción, se deslizó en el asiento trasero junto a Teddy. Mierda. El coche olía a cuero nuevo y a la colonia carísima de Teddy, ese aroma a madera y bergamota que siempre parecía pegarse a la piel. Arranqué el motor, que rugió como una bestia domesticada, y sentí cómo Teddy se inclinaba hacia delante, rozando mi asiento. —No lo estropees, eh —murmuró cerca de mi oreja—. Es mi bebé. Su aliento, caliente y cargado de cerveza belga, me hizo apretar el volante. —No te preocupes —respondí, más seco de lo necesario—. Sé conducir algo más que cuentas. Clara, en el asiento trasero, miraba por la ventanilla, pero su postura estaba rígida. Teddy, en cambio, se había recostado con exageración, el brazo extendido sobre el respaldo, casi rozando los hombros de Clara. —¿Nerviosa, princesa? —le preguntó, bajando la voz solo para ella. Ella negó, pero su risa fue demasiado rápida. —Para nada. Lucy, a mi lado, jugueteaba con la radio hasta que encontró una canción lenta, sensual, la clase de música que se escucha en habitaciones de hotel con las cortinas corridas. —Me encanta esta —susurró, mirándome de reojo—. ¿A ...