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Unos vecinos influencers 7. LA CENA
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... ombligo. Y lo sabía. Sabía que me volvía loco verla así, que cada mirada que le habían lanzado en el restaurante, cada suspiro del camarero, cada gemido de Teddy al imaginársela en ese bikini... me habían hecho más duro que el mármol de su maldito recibidor. ¿Desde cuándo me excita que otros la deseen? El recuerdo de su boca alrededor de mi polla en el callejón me hizo tambalear. Nunca me había hecho una mamada así. Nunca con esa hambre, con esa entrega obscena, como si llevara años practicando en secreto. —¿Te gustó? —preguntó de pronto, volviéndose en el umbral del baño. Sus dedos jugueteaban con el último botón superviviente. La pregunta era un abismo. Podía mentir. Podía fingir indignación. Pero la noche había roto demasiados tabúes ya. —Sí —salíó, áspero, como un animal herido—. Joder, sí. Ella sonrió, no la sonrisa de mi esposa, sino la de la mujer que se había arrodillado en un callejón. —A mí también —confesó, dejando caer la camisa al suelo—. Ver cómo os volvíais locos... Teddy, tú, incluso ese chico del restaurante... Ahí estaba la verdad. No era solo el escote. No era solo la mamada. Era el poder. El de ella, al convertirnos en sus esclavos. El mío, al entregarme a la perversión.El de Teddy, al destapar la caja de Pandora. —Ven —ordenó, desnuda excepto por las bragas negras de encaje—. Quiero que me digas exactamente qué parte te excitó más. Pero ella siguió hablando—¿Sabes por qué nunca te había hecho una mamada así? —susurró, ...
... deteniéndose a solo un centímetro de mi cuerpo, su aliento caliente rozándome los labios—. Porque nunca me habías mirado como me miraste hoy. Sus manos se posaron en mi pecho —Cuando me viste con ese escote... cuando viste cómo todos me devoraban con la vista... —su voz era un hilo de seda envenenada— finalmente me viste como lo que siempre he sido. —Y ahora que lo sabes... —continuó, deslizando una mano entre nosotros hasta palpar mi erección a través de los pantalones— nunca podrás volver a fingir que no te gusta. El gemido que escapó de mis labios fue la confirmación que ambos necesitábamos. Ella tenía razón. El monstruo siempre había estado ahí. Solo necesitaba a Teddy para despertarlo. Clara no esperó mi respuesta. Sus dedos ya habían liberado mi erección del confinamiento del pantalón, y su boca —esa boca que había jurado amor eterno frente al altar— se cerró alrededor de mí con una devoción que sabía a pecado. Pero esta vez era diferente. No era la sumisa esposa que intentaba complacer. Era la mujer que había descubierto su poder, y ahora lo usaba sin piedad. —Dios, Clara... —gemí, mis manos enredándose en su pelo, tirando con más fuerza de la que había usado jamás con ella. Ella respondió con un gemido vibrante alrededor de mi polla, como si el dolor y el placer fueran la misma cosa ahora. Y entonces, lo hizo. Lo que nunca antes se había atrevido a decir. —¿Te gustaría que Teddy me viera así? —preguntó, separándose apenas lo suficiente para ...